11/04/2019
DESASTRE QUIMICO EN EL VALLE DEL YAQUI Con menos de 70 años de existencia, la agricultura extensiva de riego en el sur de Sonora atraviesa sus peores años.
Adicionalmente a la caída de precios de los productos agrícolas y el derroche de recursos agua y tierra, no solo la pugna por la cuenca del Río Yaqui tiene en un predicamento al centro y sur del estado –por el Novillo–, sino también los graves daños que sufren la tierra, las especies vegetales y las personas.
La multiplicación inocultable del cáncer, el empobrecimiento del suelo arable, y el círculo vicioso del uso indiscriminado de fertilizantes sintéticos, que genera mayor población de plagas y por lo tanto mayor comercialización de plaguicidas prohibidos internacionalmente, tienen a los valles Yaqui y Mayo en una etapa actual de destrucción de la naturaleza y de la salud humana, incomparable en todo el país y en la historia agrícola de la región.
El uso indiscriminado de nitrógeno y fósforo desarrolla sembradíos “diabéticos” que liberan aminoácidos y azúcares, alimento disponible para insectos, bacterias y hongos, que en vez de combatirse se reproducen poblacionalmente al proporcionarles las condiciones propicias.
Además genera que se apliquen cantidades cada vez mayores de pesticidas entre ellos los órgano fosforados prohibidos por las normas internacionales como el paratión metílico, el malatión, el metamidofos, los dimeotatos, el endusolfán, o el clorpirifos, comercializados por empresas privadas como Fertilizantes Tepeyac, Agros de Cajeme, Tres Valles o las uniones de crédito, entre otros.
Ese exceso de agroquímicos proporciona demasiada energía para la planta, que crece frondosa pero con baja calidad de granos y frutos, y es absorbido además por la piel humana, las vías respiratorias y la vía oral ocasionando incrementos de enfermedades cancerosas.
Ramón Morales, especialista en agricultura orgánica, afirma que esta alta densidad de población de insectos, gusanos, picudos, chinches, microorganismos, es justificada por los técnicos que trabajan para las dependencias de gobierno o para las comercializadoras de agroquímicos, alegando que se vuelven resistentes a los fumigantes aconsejando redoblar sus aplicaciones y por lo tanto las ganancias de los empresarios.
Morales aduce un negocio redondo: “Las empresas distribuidoras venden el fertilizante en exceso, luego al alimentar a la plaga recomiendan que les compren los plaguicidas y ahí mismo ofrecen la maquinaria, el seguro agrícola y hasta el crédito”.
Las sobrecargas de fertilizantes sintéticos –N-P-K- no las necesitan los cultivos en la cantidad que se les está dando, con una tendencia a favorecer a los fabricantes y distribuidores de agroquímicos, que son trasnacionales.
El INIFAP recomienda aplicar 300 kg de Urea (NH3) y de 100 kg de Fosforo (P) por hectárea desde hace 50 años. Todavía le echan gas de Nitrogeno hasta 120 unidades kg/Ha, “dejando de lado los análisis de suelo pero que incluso son análisis amañados”, comenta el especialista, explicando que existe una eficiencia de la planta de tan solo el 35 por ciento, quedando el resto en el suelo, los mantos freáticos y la evaporación.