27/04/2026
4 medallas… ¿𝗮 𝗾𝘂𝗲́ 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗼? El ciclismo colimense 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗹𝗼𝗴𝗿𝗼 𝘆 𝗲𝗹 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗼
El ciclismo de Colima volvió a levantar la mano en 2026. Cuatro medallas no son casualidad. Son resultado de disciplina, constancia y un trabajo silencioso que durante años ha insistido en destacar, incluso en condiciones que distan mucho de ser ideales. Pero detrás del brillo del podio hay una pregunta inevitable: ¿a qué costo llegan estos resultados?
La historia no comienza hoy. Desde aquella medalla histórica de bronce conseguida en 2022 en el velódromo de Tijuana con el equipo de persecución juvenil B, ya se advertía que en Colima se estaba haciendo bien el trabajo. Y eso tenía un valor aún mayor: se lograba desde un estado que ni siquiera cuenta con velódromo propio.
Desde entonces, se hablaba de procesos, de entrenadores comprometidos y de un proyecto que prometía consolidarse. Incluso, en su momento, autoridades como el INCODE utilizaron ese logro como ejemplo del potencial deportivo del estado. Sin embargo, con el paso de los años, ese impulso no se tradujo en hechos concretos: las promesas de fortalecimiento, seguimiento y apoyo real se fueron diluyendo hasta quedar únicamente en el discurso institucional, sin cumplimiento ni continuidad para el desarrollo del ciclismo colimense.
Hoy, esas cuatro medallas vuelven a evidenciar lo mismo: el talento existe, el trabajo está, pero el respaldo sigue siendo insuficiente.
Y si hay un pilar que sostiene estos resultados, es el de los entrenadores y el entorno técnico que ha acompañado este proceso. Nombres como Hernán Castillo Rincón, Hernán Castillo Sierra y el experimentado Juan Frías, quien desde 2022 ha fungido como asesor en pista y ruta, han sido fundamentales en la construcción de este camino.
A ello se suma el trabajo de José Fco. Rodríguez Orozco, fundamental en el desarrollo de Emilio “Choche” Rodríguez, quien actualmente compite en Europa con el equipo A.R. Monex Pro Cycling Team, donde ya ha logrado medallas, representando la proyección del talento colimense fuera del país.
Este crecimiento no es aislado. También ha sido posible gracias al trabajo silencioso de la asociación local de ciclismo, que ha mantenido en competencia a los equipos del estado, sosteniéndose en gran medida con el apoyo de patrocinadores que han permitido que la actividad no se detenga, incluso cuando el respaldo institucional ha sido irregular.
Sin embargo, incluso con esta red de apoyo, la realidad es clara: muchos de estos actores trabajan en condiciones inciertas, sin garantías estables y dependiendo más de la voluntad colectiva que de una estructura sólida y permanente.
Detrás de cada resultado hay más que un atleta. Está el entrenador, muchas veces trabajando sin certezas. Está la familia, sosteniendo lo que las instituciones no cubren. Está el desgaste físico, emocional y económico de quienes insisten en no rendirse. Porque sí, el ciclismo colimense ha tenido que sufrir para llegar al podio.
Y cuando llegan los triunfos, el discurso oficial aparece: se habla de apoyo, de compromiso, de cumplimiento. Pero esa narrativa dura lo que dura el momento. Lo que dura la foto, la medalla, la nota. Después, todo vuelve a empezar desde cero.
Un nuevo ciclo, las mismas carencias.
Es importante decirlo con claridad: estos logros no son producto de un sistema sólido. Son, en gran medida, resultado de la resistencia de atletas, entrenadores, familias y colaboradores que hacen mucho con muy poco. Que avanzan pese a la falta de infraestructura, de apoyo continuo y de planificación real.
El ciclismo en Colima no es solo un deporte: es un ejemplo de cómo la voluntad puede suplir, hasta cierto punto, la ausencia institucional. Pero también es un recordatorio de que esa fórmula no es sostenible.
No se puede seguir normalizando que el éxito llegue a pesar del sistema y no gracias a él.
Porque mientras no exista un respaldo verdadero, más allá del uniforme, la foto y el discurso, cada medalla seguirá teniendo un costo invisible. Un costo que no se contabiliza en el medallero, pero que pesa en quienes hacen posible estos logros.
Y entonces, la pregunta seguirá vigente:
¿Hasta cuándo se dirá que se apoya, cuando la realidad es otra?