09/02/2026
A veces permanecer en una relación que nos lastima no tiene que ver con “insistir” ni con falta de amor propio.
Muchas veces hay miedo, mandatos, condicionamientos, esperanza de cambio, y años de mensajes sociales que nos enseñaron que estar solas es fracasar. Salir no siempre es sencillo ni lineal. Y eso merece comprensión, no juicio.
Entonces pienso en toda esa publicidad de la parejocracia que circula por todas partes. Al mercado, al Estado y a la sociedad en general les gusta vernos emparejadas. Solas, en cambio, pareciera que somos sinónimo de abandono o derrota. Como si nuestro valor dependiera de tener a alguien al lado.
¿Cómo no sentir ese vacío, si eso fue lo que nos enseñaron?
¿Cómo cuestionar ese cuento que nos vendieron, el de las historias de Disney, ese “vivieron felices para siempre”, donde el amor romántico aparece como la meta más importante de nuestras vidas?
Pero aunque a veces parezca que todo está perdido, hay algo que el sistema no logró arrebatarnos: la fuerza amorosa de nuestras amigas.
Las amigas también son una relación.
Una relación tierna, recíproca, sostenida.
Son quienes escuchan, acompañan, sostienen procesos, celebran avances pequeños y nos recuerdan quiénes somos cuando lo olvidamos. Cuando dejamos de verlas como “plan B” y empezamos a reconocerlas como vínculos centrales —solo después de la relación que tenemos con nosotras mismas— la vida se vuelve más ligera. No perfecta, no de fantasía, pero sí más acompañada, más real, más habitable.
Y si hoy miras hacia atrás y notas que el patriarcado te tuvo ocupada persiguiendo parejas y dejando en pausa tus amistades, no pienses que es tarde. No es un fallo personal: es una enseñanza colectiva. Y todo aprendizaje también puede desaprenderse.
Puedes empezar ahora.
Volver a llamar. Volver a escribir. Volver a encontrarte.
Hazlo por esas mujeres que te tendieron la mano, por las que creyeron en ti incluso en los momentos más difíciles. Y si alguna se alejó, no la culpes ni te culpes. A veces el cansancio es profundo. La violencia desgasta, drena, y muchas necesitamos tomar distancia para protegernos.
Por eso es tan importante cuestionar el amor. Nombrarlo. Pensarlo críticamente.
Porque si seguimos repitiendo la idea de “luchar por amor”, incluso cuando ese amor nos duele, nos miente o nos empequeñece, podemos quedar atrapadas, como peces en una red.
Hoy puede ser un buen día para escribirle a una amiga.
Para verla.
Para abrazarse.
Porque eso también es amor. Y también nos salva.