26/09/2025
La acción de exprimir una esponja, aunque aparentemente sencilla, es una excelente herramienta para estimular y fortalecer tanto la motricidad fina como la motricidad gruesa, así como la coordinación ojo-mano.
Al apretar la esponja con fuerza, se activan los músculos de las manos, los dedos, las muñecas y los antebrazos, lo que contribuye al desarrollo de la motricidad fina, esencial para tareas como escribir, abotonar, recortar o manipular objetos pequeños. Este movimiento también implica un esfuerzo más amplio que involucra brazos y hombros, promoviendo la motricidad gruesa, al mejorar la fuerza, resistencia y control muscular general.
Además, al dirigir el movimiento de exprimir hacia un recipiente o una zona específica —por ejemplo, al transferir agua de un recipiente a otro— se pone en práctica la coordinación ojo-mano, ya que la persona debe sincronizar su visión con los movimientos de sus manos para lograr el objetivo con precisión.