03/11/2025
Durante una consulta, una persona que transitaba por una significativa pérdida me cuestiona con relación al fenómeno de la muerte, llegando a preguntarme ¿Es acaso la muerte el final de todo?
Con plena serenidad le comento que no cuento con la verdad absoluta, pero a mi parecer la muerte no es más que el retorno al príncipe de todo, hasta del tiempo mismo. La persona extrañada con mi respuesta me pide mayor claridad, a lo cual respondo con la siguiente pregunta ¿crees que las estrellas solamente se encuentran en el cielo? A lo que responde con un "si", con dicha respuesta le comento que las estrellas son enormes objetos gaseosos que utilizan el hidrogeno como combustible y a la vez este se convierte en energía compuesta de helio con lo cual brillan por millones de años hasta que la gravedad las empieza a colapsar poco a poco, generando que sus átomos empiecen a condensarse en elementos más complejos como el hierro, el calcio y el carbono, los cuales también se encuentran en nuestro organismo como en nuestra sangra, huesos y cerebro. Después de un tiempo, la moribunda estrella explota arrojando consigo material y polvo estelar que dará paso a nuevas y brillantes estrellas y en casos más extraños a organismos vivientes como en la Tierra, por lo tanto eso nos convierte en polvo de estrellas y en polvo de estrellas nos convertiremos.
Después de ello u adentrándonos a lo más elemental, nuestros organismos están compuesto de átomos de hidrogeno, el elemento más basto y simple del cosmos, el cual tuvo su origen con el tiempo y el espacio mismo hace 13,8 billones de años, lo cual nos brinda cierto tipo de inmortalidad, ya que somos un conjunto de átomos de hidrogeno que han viajado a través del espacio en un lapso de 13,8 billones de años, los cuales toman conciencia de su propia existencia, adquiriendo con ello una divina capacidad de amar y maravillarse con el basto universo que está en nosotros despertando, contempladonse a sí mismo.
El perder a alguien que amas genera un proceso psicológico llamado duelo, el cual es el precio que uno paga por amar inmensa e incondicionalmente en este trayecto llamado vida, que nos es otra cosa cosa más que el aprender a vivir con dicha pérdida, o por lo menos de manera parcial, ya que dicha pérdida es solamente física, ya que la esencia de ese amor perdido queda impregnado en nuestros recuerdos, es nuestros gestos y en nuestras acciones, viviendo a cada latido de nuestro corazón, los cuales esperan con ansias nuestro dormir para así poder visitarnos durante nuestros sueños y platicarnos como les va en su nueva forma.