30/01/2026
A veces creemos que la violencia solo existe cuando hay marcas visibles en la piel. Sin embargo, hay heridas que no sangran y duelen más tiempo. La indiferencia, el control, las palabras que minimizan, el silencio que castiga o la manipulación disfrazada de amor también son formas de violencia. No rompen huesos, pero sí la confianza, la autoestima y la sensación de valía personal. Reconocerlas es el primer acto de cuidado: nombrar lo que duele permite empezar a protegerse.
Como dijo Maya Angelou: “Cuando alguien te muestra quién es, créelo la primera vez.”
A veces la violencia no grita, susurra. Y aprender a escuchar esos susurros es una forma profunda de amor propio.