22/02/2026
El fenómeno therian desde la perspectiva Lacaniana.
Desde una lectura lacaniana, el fenómeno therian puede pensarse en relación con el cuerpo imaginario. Para Jacques Lacan, la experiencia del cuerpo no es simplemente biológica; se organiza a partir de identificaciones imaginarias que otorgan unidad y forma al sujeto. Cuando alguien se identifica con una figura animal, esa imagen puede funcionar como soporte para organizar la percepción del propio cuerpo. No se trata necesariamente de una afirmación zoológica literal, sino de una forma de darle consistencia a la experiencia corporal y a ciertas sensaciones o impulsos que el sujeto no logra simbolizar plenamente.
En este sentido, la identidad therian puede leerse como una operación imaginaria que intenta suturar una dificultad en la articulación entre cuerpo, lenguaje y goce. El sujeto recurre a la imagen del animal para estabilizar algo de su vivencia corporal. En algunos casos esta identificación permanece en el registro simbólico como metáfora o estilo subjetivo; en otros puede adquirir un carácter de certeza, aproximándose a fenómenos descritos por Lacan en El seminario 3: Las psicosis, donde la relación con la identidad y con el cuerpo puede volverse menos mediada por el orden simbólico.
Situado en el contexto cultural contemporáneo, este fenómeno también puede pensarse en relación con la condición posmoderna descrita por Jean-François Lyotard. La caída de los grandes metarrelatos debilita los significantes tradicionales que organizaban la identidad —familia, tradición, religión o roles sociales estables—. En ese vacío proliferan micro-identidades que intentan dar sentido a la experiencia subjetiva. El therianismo puede aparecer entonces como un síntoma cultural: una forma de responder a la pérdida de referencias simbólicas sólidas.
Desde esta perspectiva, la identificación animal no sólo expresa algo individual, sino también una condición histórica. La fragilidad de los significantes maestros deja al sujeto más expuesto a lo imaginario y al goce del cuerpo. En ciertos momentos esto puede producir breves desconexiones con el consenso de la realidad compartida, sin que necesariamente constituya una psicosis estructural, pero mostrando cómo la subjetividad contemporánea oscila entre invención identitaria, inestabilidad simbólica y búsqueda de nuevas formas de sostener el yo.
Como sociedad debemos recordar la diferencia entre identificación imaginaria y realidad simbólica. Para Jacques Lacan, el sujeto puede construirse a partir de imágenes con las que organiza su cuerpo y su identidad, pero la vida social no se sostiene en lo imaginario sino en el orden simbólico, es decir, en normas, significantes y acuerdos compartidos.
En ese sentido, la sociedad no está obligada a reconocer como hecho objetivo cada autopercepción subjetiva, por más vívida o imaginaria que resulte; no hacerlo no implica vulnerar derechos, sino mantener las coordenadas simbólicas que estructuran la realidad común. Las reglas cumplen precisamente la función de limitar el desborde del goce y evitar que la realidad social se vuelva caótica.
Desde esta perspectiva, fenómenos como el therianismo o el transexualismo pueden entenderse como intentos individuales de organizar el cuerpo imaginario en una época de debilitamiento de los significantes colectivos, pero ello no obliga al lazo social a reorganizarse alrededor de esas identificaciones. La función de la ley y de las normas es, justamente, sostener el marco simbólico que permite que la convivencia sea posible.