02/04/2026
Hay una presión que casi nunca se dice pero se siente.
La de “ya deberías estar bien”.
La de volver a la normalidad.
La de dejar de sentir lo que todavía duele.
Y sin darte cuenta, empiezas a actuar como si fuera cierto.
Dices que estás bien.
Sonríes.
Sigues.
Aunque por dentro el proceso siga abierto.
Porque a veces parece más fácil parecer fuerte que explicar todo lo que pasa adentro.
Pero sanar no funciona así.
No tiene tiempos exactos.
No responde a expectativas externas.
No se acelera por presión.
Cada proceso tiene su propio ritmo.
Y respetarlo también es una forma de cuidarte.
Si esto resonó contigo, guárdalo para recordarlo cuando sientas que “ya deberías estar bien”.