24/02/2026
🚨 Entre el miedo y la vida: cuando la hemodiálisis no puede esperar
Cuando el país atraviesa momentos de violencia y se recomienda a la población mantenerse en casa, para muchos esa indicación representa protección.
Pero para un paciente renal en hemodiálisis, quedarse en casa no siempre es una opción.
La hemodiálisis no puede posponerse.
No puede esperar a que la situación se calme.
Es un tratamiento que sustituye la función de los riñones y mantiene la vida.
Ahí nace un conflicto profundamente doloroso.
Por un lado, el miedo:
Salir cuando hay disturbios, bloqueos o quema de vehículos genera ansiedad, incertidumbre y angustia.
La familia sufre.
El paciente siente temor en cada trayecto.
Por otro lado, la necesidad médica:
Faltar a una sesión puede provocar acumulación peligrosa de líquidos, dificultad para respirar, aumento de toxinas, descontrol de la presión arterial y complicaciones graves.
El cuerpo no entiende de crisis sociales.
La enfermedad no se detiene.
Imaginar tener que decidir entre tu seguridad inmediata o tu tratamiento vital es una carga emocional enorme.
Muchos pacientes salen con el corazón lleno de miedo, pero también con la firme convicción de que su salud no puede esperar.
No lo hacen por imprudencia.
Lo hacen porque su vida depende de ello.
En estos momentos es fundamental la empatía social y el compromiso de las autoridades para garantizar traslados seguros. La violencia impacta a todos, pero golpea doblemente a quienes dependen de un tratamiento continuo.
Recomendaciones para pacientes renales en situaciones de riesgo:
✔ Mantener comunicación constante con la clínica u hospital para confirmar horarios o posibles ajustes.
✔ Preguntar si existen protocolos especiales o rutas más seguras.
✔ Salir acompañado, si es posible.
✔ Llevar identificación, carnet médico y lista de medicamentos.
✔ Anticipar con tiempo el traslado para evitar zonas conflictivas.
✔ Tener siempre en casa una pequeña reserva organizada de medicamentos esenciales.
✔ Mantener la calma y evitar difundir información no confirmada que genere más ansiedad.
La salud renal no puede detenerse ante la violencia.
Pero como comunidad sí podemos proteger, comprender y apoyar a quienes viven esta doble batalla: la del entorno… y la de su propio cuerpo.
Cada sesión de hemodiálisis es una oportunidad de seguir viviendo. Y eso merece respeto, sensibilidad y cuidado colectivo.