13/12/2025
CÓMO EL ESTRÉS PUEDE TENSAR TU MANDÍBULA Y PROVOCAR DOLOR DE CABEZA (BRUXISMO)
El estrés no solo se manifiesta a nivel emocional; también se expresa físicamente a través de la tensión muscular. Una de las zonas más afectadas es la mandíbula, donde el cuerpo descarga de forma inconsciente la activación constante del sistema nervioso. Cuando una persona vive bajo estrés prolongado, ansiedad o preocupación persistente, el cerebro activa de manera repetida el modo de alerta, aumentando la liberación de cortisol y adrenalina. Estas hormonas preparan al cuerpo para reaccionar, pero cuando no hay una descarga física real, la tensión se acumula, especialmente en los músculos masticatorios.
Esta tensión sostenida puede dar lugar al bruxismo, una condición en la que la persona aprieta o rechina los dientes, generalmente de forma inconsciente y con mayor frecuencia durante el sueño. Los músculos implicados —como el masetero y el temporal— permanecen contraídos durante horas, generando sobrecarga muscular. Esta contracción excesiva reduce la irrigación sanguínea local, acumula ácido láctico y produce dolor, rigidez y fatiga muscular. Con el tiempo, esta tensión se irradia hacia las sienes, el cuello y la cabeza, provocando dolores de cabeza tensionales que pueden confundirse con migrañas.
El estrés también altera la regulación del sistema nervioso autónomo, inclinando el equilibrio hacia el sistema simpático (alerta) y reduciendo la actividad del sistema parasimpático (relajación). Esto impide que los músculos se relajen adecuadamente, incluso durante el descanso nocturno. Además, la hipervigilancia cerebral aumenta la actividad de la amígdala, que intensifica la respuesta al estrés y refuerza el ciclo de tensión mandibular. Por eso, muchas personas despiertan con dolor facial, rigidez en la mandíbula o sensación de presión en la cabeza sin ser conscientes de haber apretado los dientes.
A nivel articular, el bruxismo puede afectar la articulación temporomandibular (ATM), generando chasquidos, dificultad para abrir la boca, dolor al masticar y molestias que se irradian hacia los oídos. Este desequilibrio muscular y articular perpetúa el dolor de cabeza y puede volverse crónico si no se aborda la causa principal: el estrés sostenido.
El tratamiento no se limita solo a proteger los dientes con férulas; requiere regular el sistema nervioso. Técnicas como la respiración diafragmática, estiramientos cervicales y mandibulares, reducción del estrés emocional, mejorar la calidad del sueño y prácticas de relajación ayudan a disminuir la actividad muscular excesiva. Cuando el estrés baja, la mandíbula se relaja y el dolor cede. El cuerpo habla cuando la mente vive en tensión, y la mandíbula suele ser una de sus primeras voces.
Fuente: Journal of Oral Rehabilitation; Psychoneuroendocrinology; International Journal of Stress & Pain.