26/11/2025
Hoy, en el Día Internacional de la Eliminación de las Violencias contra las Mujeres, declaramos:
Somos feministas porque nuestros cuerpos-territorios están bajo asedio constante. Porque habitar cuerpos feminizados en esta sociedad patriarcal es navegar diariamente entre violencias visibles e invisibles que fragmentan nuestra integridad física, mental, emocional
y espiritual.
Somos feministas porque hemos aprendido que nuestra salud no es solo ausencia de enfermedad, sino la posibilidad de existir sin
miedo, de habitar plenamente nuestros cuerpos sin que sean objeto de control, violencia o mercantilización. Y porque esta posibilidad nos
ha sido sistemáticamente negada.
Reconocemos que la violencia contra las mujeres no comienza con el golpe físico. Comienza con la colonización de nuestra imaginación sobre lo que nuestro cuerpo/ser puede ser, sentir y saber. Comienza cuando nos enseñan a desconfiar de nuestra intuición, a silenciar nuestro dolor, a normalizar el malestar como "parte de ser mujer".
La biomedicina patriarcal ha fragmentado nuestros cuerpos en partes desconectadas, ha patologizado nuestros ciclos naturales, ha
medicalizado nuestros procesos vitales. Nos ha robado el conocimiento ancestral sobre cómo cuidarnos, cómo sanarnos, cómo acompañarnos.
Comprendemos ahora que la violencia machista es una epidemia de salud pública que enferma cuerpos, mentes y territorios. Que el estrés crónico de vivir en alerta permanente se inscribe en nuestro sistema nervioso. Que la ansiedad, la depresión, los dolores somáticos que portamos no son fallas individuales sino respuestas coherentes a un sistema que nos hace daño.
Que mientras el sistema patriarcal-capitalista siga extrayendo valor de nuestros cuerpos y territorios, no habrá salud posible. Porque no
puede haber salud en la opresión, no puede haber bienestar en la violencia, no puede haber vida digna en el despojo.
Como dice Adrienne Rich, hemos llegado al filo de la historia. Los hombres -en tanto personificaciones de la idea patriarcal- se han
vuelto peligrosos para los niños, para las mujeres, para la naturaleza, para todas las cosas vivientes, incluso para ellos mismos.
Ya no podemos mantener el principio femenino encerrado. Ese principio femenino que nombramos no es esencialismo biológico, sino
política del cuidado radical: la comprensión de que somos cuerpos interdependientes en territorios interconectados. Que nuestra salud
individual es inseparable de la salud colectiva y territorial. Que cuidar es un acto de resistencia política.
Por eso hoy declaramos:
Exigimos el derecho a vivir sin miedo. Sin el miedo que enferma, que contrae, que silencia. Sin el terror cotidiano que habita en nuestros
cuerpos como huésped permanente.
Reclamamos la soberanía sobre nuestros cuerpos-territorios. El derecho a conocerlos, habitarlos, decidir sobre ellos sin mediaciones
patriarcales. El derecho a los saberes ancestrales que nos fueron arrebatados.
Denunciamos el extractivismo sanitario. La medicalización de nuestras vidas, la fragmentación de nuestra integralidad, la
desconexión sistemática de nuestras redes de cuidado comunitario.
Afirmamos que sanar es un acto político. Cada vez que una mujer recupera el conocimiento de su cuerpo, cada vez que nos reunimos en
círculo para sostener nuestros dolores colectivamente, cada vez que elegimos el autocuidado sobre la autodestrucción, estamos
desmantelando el patriarcado.
Construimos futuros donde la salud sea derecho encarnado. Donde existan Casas de Sanación Comunitaria que integren saberes biomédicos y ancestrales. Donde las niñas aprendan a leer sus cuerpos como mapas de sabiduría. Donde el cuidado sea responsabilidad colectiva, no carga feminizada.
Nos comprometemos con la transformación ecosistémica. Porque sabemos que no hay salud de las mujeres sin salud de los territorios.
Que defender el agua es defender nuestros cuerpos. Que proteger la tierra es proteger nuestras vidas.
No buscamos simplemente "curar" síntomas individuales. Buscamos desmantelar el sistema que nos enferma. Buscamos tejer redes de
cuidado mutuo donde ninguna mujer tenga que parir ni sanar sola. Buscamos recuperar las memorias corporales que el patriarcado intentó borrar.
Porque ahora entendemos que nuestro bienestar está enlazado con el bienestar de todas. Que cuando una de nosotras sana,
sanamos todas un poco. Que cada cuerpo que se libera abre caminos para otros cuerpos.
Imaginamos y construimos un mundo donde:
- Las violencias contra las mujeres sean impensables, no porque estén prohibidas, sino porque la lógica patriarcal que las sostiene
haya sido desmantelada
- El cuidado sea valorado como el centro de la vida social, no como trabajo invisibilizado
- Nuestros saberes sobre salud, cuerpo y sanación sean reconocidos como epistemologías legítimas
- Existan espacios comunitarios de acompañamiento donde ninguna mujer enfrente sola su dolor
-La salud mental se entienda como fenómeno político-colectivo, no como patología individual
Este 25N no solo denunciamos las violencias. Anunciamos los mundos que estamos pariendo. Porque somos las que gestamos el futuro en nuestros cuerpos-territorios. Las que sostenemos la vida mientras el patriarcado la destruye. Las que seguimos tejiendo redes
de cuidado en medio del extractivismo.
Y ese poder no nos lo puede arrebatar ninguna violencia.
Hoy elegimos la sanación colectiva como acto de resistencia.
Hoy liberamos el principio femenino que el patriarcado quiso encerrar.
Hoy afirmamos que otro mundo de salud integral es posible.
Y lo estamos construyendo, juntas, desde ya.
"Resistir es también imaginar, e imaginar es ya comenzar a transformar.”
Por todas nosotras. Por las que ya no están. Por las que vienen.
La justicia de las mujeres es la salud del mundo.
25N 2025
casacorazoncentroterapeutico@gmail.com
📷 intervenida. Encuentro Shakti, con Colibrí
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