13/04/2026
Los crimenes en nombre de una religión. . .
A Ahmed Dawabsha le arrancaron casi toda su infancia en una sola noche.
En julio de 2015, extremistas israelíes atacaron con bombas incendiarias la casa de su familia en Duma, en Cisjordania ocupada. Su hermano Ali, de 18 meses, murió en el lugar. Su madre, Riham, y su padre, Saad, murieron después por las quemaduras. Ahmed, con solo cinco años, quedó como el único superviviente de su hogar.
La imagen que muchas veces circula sobre él también merece contarse bien.
No muestra a Ahmed viendo por primera vez a su “mejor amigo” en un hospital. La foto fue tomada el 22 de marzo de 2016, cuando regresó a su aldea de Duma después de un viaje a España, y lo que se ve es a Ahmed siendo recibido por amigos y familiares.
Pero el dolor no terminó con la salida del hospital.
Años después, fuera del tribunal de Lod, su abuelo Hussein Dawabsheh tuvo que soportar burlas de colonos israelíes que apoyaban a los acusados del ataque. Entre los gritos que recogieron varios reportes estuvieron frases espantosas sobre Ali, Riham, Saad y el propio Ahmed: Corearon en árabe "¡¿Dónde está Ali?! No hay Ali. Ali está quemado. En el fuego. Ali está en la parrilla" y "¿Dónde está Ali? ¿Dónde está Riham? ¿Dónde está Saad? Qué lástima que Ahmed no se quemara también". Según presentes, la policía no intervino para detenerlos.
Con el tiempo, Amiram Ben-Uliel fue condenado por el ataque y recibió tres cadenas perpetuas.
Pero ninguna sentencia devuelve una casa, una madre, un padre ni un hermano.
Lo que queda en pie es la imagen de un niño que tuvo que seguir viviendo después de ver cómo el odio reducía su familia al fuego.
Y eso pesa más que cualquier titular.