26/02/2026
“Mamá… yo ya me había mu**to una vez.”
Mateo tenía 7 años cuando comenzó a decir cosas que su mamá no entendía.
Una noche, antes de dormir, le dijo con total tranquilidad:
—“Mamá, no tengas miedo… esta vez no me voy a ir en el agua.”
Su madre se quedó helada.
Nunca habían vivido algo relacionado con agua.
Nunca habían hablado de muertes.
Nada que explicara esa frase.
Pero Mateo empezó a repetir recuerdos.
Decía que antes era “un niño grande” que vivía cerca de un río.
Que un día cayó.
Que su mamá gritaba su nombre.
Que no pudo salir.
Lo más impactante era que, cuando su mamá actual lo abrazaba fuerte, él le decía:
—“No es tu culpa… allá tampoco fue tu culpa.”
En terapia regresiva infantil, usando técnicas suaves y guiadas, no inducidas, Mateo describió una escena con detalles que estremecieron a todos.
Una aldea antigua.
Una madre joven.
Un río caudaloso.
La misma historia.
Lo que descubrimos fue aún más profundo.
En aquella vida, su madre actual…
también había sido su madre.
Lo perdió en el agua.
Murió con culpa.
Con la sensación de no haberlo protegido.
En esta vida, se reencontraron.
Y por eso ella siempre lo sobreprotegía.
Por eso sentía un miedo irracional cada vez que él se acercaba al mar o a una alberca.
Por eso él, con solo 7 años, venía a tranquilizarla.
No era imaginación.
Era memoria del alma.
En sesión, trabajamos la liberación del trauma en ambos.
La madre lloró como si hubiera esperado siglos para hacerlo.
El niño la miró y le dijo:
—“¿Ya estás tranquila? Ahora sí podemos jugar.”
Desde entonces, el miedo al agua desapareció.
Y la culpa también.
A veces los niños no vienen a aprender…
vienen a terminar historias que los adultos dejaron inconclusas.
Y cuando un niño recuerda, no lo hace para asustarnos.
Lo hace para sanar.
EL ETERNO CICLO SIN FIN
Juan Jo Chávez
Terapia regresiva: 55 4789 8882