17/03/2022
ITINERARIOS PARA SANAR EL CORAZÓN HERIDO
El duelo es el precio que pagamos para amar. Cada vez que amamos a alguien, temprano o tarde, llega el momento de decir a dios a las personas queridas. Tal vez podemos ser preparados, tal vez la muerte es repentina, súbita, tal vez es violenta y no hay tiempo para prepararnos o para cambiar lo que está sucediendo. Entonces, necesitamos ir enfrentándonos a la vida, con proyectos cambiando sueños tal vez destruidos, pero nuestra vida sigue adelante. El que muere no es la única razón para vivir. No podemos decir “sin él o sin ella no tiene sentido vivir”. No, hay que vivir para nosotros. Tenemos esta vida, este cuerpo, esta mente y hay que llevarlo adelante. El proceso de elaboración del duelo que es un trabajo que necesitamos hacer a nivel mental, psicológico, espiritual, necesita tiempo y cada uno de nosotros tiene distintos recursos para ir enfrentándonos a una vida cambiada. Desde mi experiencia personal he notado que las personas pueden encontrar caminos de sanación siguiendo distintas posibilidades. Algunas personas pueden sanar su vida, su corazón herido, a través del camino espiritual. Es decir, el creer en Dios, el tener una Fe en el más allá, el saber que somos acompañados, amados por otras personas que comparten una Fe, la Iglesia, esta dimensión espiritual les ayuda a aguantar el duelo e ir poco a poco sanando las heridas de la vida. Hay otras personas que podríamos decir o llamar “personas muy filosóficas”, personas que utilizan la cabeza, su manera de ser, de vivir, que siguen el camino cultural, es decir, sanan su vida que ha sido probada por esta pérdida significativa a través de lecturas, leen libros, se informan, vía Internet, sobre el tema del dolor, del suicidio, de una muerte, de vida a ciertas enfermedades. O tal vez, atienden curso o participan en viajes. Es decir, el alimentar la mente con otros estímulos ayuda a estas personas a ir asumiendo el propio duelo y sanándolo. Hay otras personas que privilegian el camino del auto cuidado. Es decir, claro que han vivido una laceración interior. Alguien muy significativo ya no está con ellos, pero ellos siguen viviendo, entonces tiene que auto cuidarse, vestirse bien, intentar salir, comer los alimentos correctos, ir caminando en el bosque, hacer un viaje en las montañas. Es decir, la persona se sana a través del contacto con la naturaleza, a través de la creatividad, pintando, escuchando música, son formas de auto cuidarse. Hay otras personas que sanan el dolor a través de la memoria. Sobre todo, los padres que han perdido un hijo. Tal vez el único hijo que tenían y necesitan hacerlo vivo a través de una memoria, una fundación. Crean algo para recordar el ser querido, por ejemplo crean una fundación con el nombre de su hijo, organizan un partido, algo que haga presente la persona ausente y en esta memoria, en este compromiso de hoy en día, estas personas aprenden poco a poco a sanar el corazón herido. Hay otras personas que sanan el corazón a través del camino de la donación. Es decir, han perdido un ser querido significativo pero no lo han perdido todo, hay otros familiares, hay otras personas dentro de la familia que necesitan su ayuda, se involucran ayudando a los sobrinos, a los nietos, entonces el sentirse parte de una familia, el tener posibilidades, de entregar el cariño que antes estaba dedicado al ser que falleció, a otras personas, eso los ayuda a continuar su vida. Muchas personas sanan el corazón herido entregándose a una familia más grande, es decir, el vacío dejado se transforma en oportunidad y esta persona, dos años después de la muerte del esposo, de la esposa, se involucra en la Iglesia o en el voluntariado, empieza a visitar enfermos que tenían enfermedades, tal vez parecidas a las del ser querido que murió. El donar su corazón a una comunidad más grande permite a esta persona darle sentido, darle significado a la vida. Por lo cual, sintetizando, hay algunas personas que siguiendo un camino específico se encuentran a sí mismo, sanan su dolor, tal vez el camino espiritual, cultural de la pertenencia familiar, de la memoria. Hay otras personas que integran dos o tres de estos caminos y así se cargan de la energía, de la motivación que le permite cicatrizar las heridas y transformar el dolor en amor. Por lo cual, a todos los que nos están escuchando, el deseo y la oportunidad que puedan descubrir el don escondido detrás del dolor. La vida no es solo dolor. La vida es amor. Sufrimos porque hemos amado y la invitación de la vida es seguir amando a otras personas que encontramos o que han de ser parte de nuestra historia. Que el señor los pueda iluminar e inspirar para encontrar los caminos que sanan los corazones heridos.
P. Arnaldo Pangrazzi