21/11/2025
¿Sabes qué es lo más brillante (y aterrador) de la película Frankenstein de Guillermo del Toro?
Que no romantiza al monstruo. Lo revela.
Y cuando la miras desde el lente del trauma y el narcisismo familiar, todo hace clic.
El verdadero horror no es la Criatura.
El verdadero horror son los adultos que rompen a los niños y luego los culpan por romperse.
Padres que golpean, controlan y exigen perfección como si los hijos fueran espejos fabricados para sostener su ego.
Tíos que negocian vidas humanas por poder, dinero o inmortalidad.
Adultos que operan sin moral, sin límites y por encima de la ley, convencidos de que el mundo entero les pertenece.
Y lo más escalofriante: cuando el niño herido crece creyendo que puede convertirse en Dios.
Víctor repite el ciclo: idealiza, captura, devalúa y abandona.
Exactamente como hicieron con él.
Porque ese es el ciclo perfecto del narcisismo:
amor explosivo → control → exigencia → rechazo → destrucción.
William se lo dice antes de morir:
“Tú eres el monstruo.”
Y tenía razón.
Así que míralo bien:
antes de que te toque decirle a alguien lo mismo que William le dijo a Víctor…
reconoce las señales, pon distancia y sálvate a tiempo.
Porque un narcisista no se detiene.
Tú sí puedes.