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A men**o caemos en el error de creer que la infancia es un concepto universal, una etapa biológica que se vive igual en ...
26/04/2026

A men**o caemos en el error de creer que la infancia es un concepto universal, una etapa biológica que se vive igual en cualquier latitud. Sin embargo, la psicología contemporánea y la antropología del desarrollo han comenzado a validar lo que en la práctica clínica sistémica observamos a diario: el entorno cultural y geográfico no solo rodea al niño, sino que lo constituye.

Aquí el articulo completo:

No es lo mismo ser niño en el corazón de la Ciudad de México que en una comunidad rural de Oaxaca

Hay un momento en que dejamos de reconocernos.Hay conversaciones que no sabemos cómo tener. Las que ocurren cuando algui...
21/04/2026

Hay un momento en que dejamos de reconocernos.

Hay conversaciones que no sabemos cómo tener. Las que ocurren cuando alguien que amamos está cambiando y no encontramos las palabras para decirle que nos asusta no reconocerlo, que lo buscamos en la memoria de quien fue y no siempre lo encontramos ahí.

Y del otro lado, quien está cambiando tampoco sabe bien cómo explicar que no se está yendo, que lo que parece una pérdida es en realidad un movimiento que durante mucho tiempo no tuvo espacio.

Esas conversaciones se difuminan en pleitos, en malentendidos, en tensiones sostenidas por no saber donde esta la herida. Este texto es un intento de nombrarla:

Sé que te duele verme, porque me buscas en la memoria de quien fui, y quizá ya no me encuentras ahí. Entiendo ese vértigo, lo reconozco, porque también de este lado hay algo que se está moviendo y que no siempre sé cómo nombrar.

Para quien mira, puede sentirse como una pérdida: hay formas que ya no están de la misma manera. Pero eso que parece que se va también está abriendo algo que apenas empieza a tomar forma.

No me estoy apagando. Lo que estás viendo no es una disminución, es un movimiento que durante muchos años no tuvo espacio. Durante más de 50 años viví hacia afuera, sosteniendo, resolviendo, respondiendo, trabajando, equivocándome muchas veces y también acertando.

Fui una mujer que empujaba la vida incluso cuando no sabía bien cómo, y esa forma de estar en el mundo también nos trajo hasta aquí. Pero esa manera no era la única posible, solo era la que conocía.

Hoy estoy aprendiendo a vivir hacia adentro, y eso cambia la forma en que me ves. Si a veces me notas más callada, más retirada, buscando espacios que desde fuera pueden parecer de baja energía, no es porque haya menos de mí, sino porque hay partes que por primera vez no están siendo empujadas a responder, a sostener, a rendir.

Hay algo que se está acomodando de otra manera, algo que no tiene prisa y que tampoco necesita justificarse todo el tiempo.

Sé que hay cosas de mi vida hoy que inquietan, decisiones que no encajan con la idea de seguridad que se tenía de mí. Lo entiendo.

Pero mi tranquilidad ya no depende de que todo encaje en ese molde. Depende de poder sostener lo que elijo, incluso cuando no es claro, incluso cuando no es cómodo. Volver atrás no es una opción para mí, no por dificultad, sino porque ya no habito ese lugar. Y aunque reconozco todo lo que ese pasado me dio, también sé lo que me costó sostenerlo durante tanto tiempo.

Elegir esta forma de estar, con sus riesgos, con sus límites, con sus momentos de duda, no es un error ni una caída. Es, por primera vez, una forma de pertenecerme.

Durante mucho tiempo sostuve una imagen de fortaleza que también tenía un costo, y hay un momento en la vida en que ese lugar deja de ser habitable. No porque falle, sino porque ya no corresponde.

No necesito que me salven ni que me devuelvan a quien fui. Lo que sí me importa es que, si pueden, se den la oportunidad de mirar sin buscar a esa persona que recuerdan, y que poco a poco puedan encontrarse con quien está aquí. No es mejor ni peor, pero sí distinta.

Y hay otro dolor que casi nunca se nombra: el de no saber cómo acompañar a alguien que está cambiando.

Quieres acercarte, pero temes invadir; quieres ayudar, pero no sabes como, si te corresponde; quieres entender, pero a veces solo puedes mirar en silencio. Ese lugar intermedio, tan lleno de amor como de impotencia, también desgasta. También deja huella.

No tienen que hacerse cargo de mí, y yo también estoy aprendiendo a no colocar a otros en lugares que ya no les tocan. Esto que estamos viviendo no es un problema a resolver, es un proceso que nadie aprendió antes. Crecer también es esto: dejar de encontrarnos como antes y aprender, a veces con torpeza, a encontrarnos de nuevo.

Cuando me repliego no me voy. Es una forma de estar cuando no sé bien cómo hacerlo, cuando algo me incomoda, cuando no encuentro palabras o cuando entiendo que lo que soy en ese momento no tiene lugar.

No es distancia, es una manera de no forzar algo que no está listo.
Tal vez lo más difícil de todo esto es que nadie nos enseñó a atravesarlo. Ni a quienes miran cambiar a los suyos, ni a quienes están cambiando sin saber bien en qué se están convirtiendo.

Y en medio de eso, vamos a equivocarnos, una y otra vez, intentando acomodarnos en un lugar nuevo que todavía no termina de existir.

No se trata de dejar de preocuparse, porque esa es una forma de amar. Tal vez se trata de algo más silencioso: de permitir que lo que no se entiende del todo no tenga que resolverse de inmediato. De poder estar cerca sin necesidad de corregir.

Yo también estoy aprendiendo. A encontrar mi lugar en esta etapa, a habitar una forma distinta de ser madre, de ser mujer, de ser persona más allá de los roles que me definieron durante tanto tiempo. Y más adelante vendrán otros movimientos, otros cambios, incluso esos que asustan, como cuando la memoria ya no sea la misma o el cuerpo no responda igual.

Pero incluso ahí, aunque hoy no sepamos cómo, también habrá formas de encontrarnos.

Te quiero. Y aunque a veces miremos distinto lo que significa estar bien, hay algo que intuyo más que entender: no se trata de volver a ser quienes fuimos, sino de aprender, una y otra vez, a reconocernos en quienes vamos siendo.
DZ

Crecer en una metrópoli moderna es, para muchos niños, habitar un ecosistema de hiperestimulación y desconexión. Hoy, lo...
19/04/2026

Crecer en una metrópoli moderna es, para muchos niños, habitar un ecosistema de hiperestimulación y desconexión. Hoy, los síntomas que aquejan a la infancia urbana —ansiedad infantil, trastornos del sueño, dificultades de socialización y una creciente irritabilidad— son mucho más complejos que hace un par de décadas.

La ciudad impone un ritmo que el sistema nervioso de un niño no siempre puede procesar: espacios reducidos, ausencia de naturaleza, exceso de pantallas como “niñeras digitales” y padres ausentes por jornadas laborales extenuantes. El síntoma actual es una respuesta de adaptación a un entorno que ha olvidado las necesidades biológicas de la niñez.

Aqui el artículo completo en publimetro:

La ciudad impone un ritmo que el sistema nervioso de un niño no siempre puede procesar

Nos han vendido la idea de que tener un propósito es despertarse con una sonrisa impecable y la mente despejada. ¿Y si n...
17/04/2026

Nos han vendido la idea de que tener un propósito es despertarse con una sonrisa impecable y la mente despejada.

¿Y si nos mintieron? ¿Y si el sentido de la vida no tiene absolutamente nada que ver con ser "feliz"?

Habría que preguntarse si el sentido es, en realidad, algo mucho más humano que habla de una coherencia interna que insiste en quedarse aunque todo afuera se esté desmoronando.

¿Es posible que vivir con sentido no nos quite un solo problema de encima, sino que simplemente nos entregue una brújula en medio de la tormenta? ¿De dónde viene esa calma extraña, casi insultante, de quien no ha tenido éxito pero sabe exactamente por qué sigue de pie en medio del derrumbe?

Tal vez cuando uno descifra su propio “para qué”, la ansiedad deja de ser un ruido ensordecedor para volverse un paisaje que se puede caminar.

¿Qué pasa con la tentación y la distracción cuando ya no necesitas correr tras cada espejismo? ¿Podría el dolor dejar de ser insoportable para convertirse, simplemente, en el terreno donde algo logra echar raíces?

Quizá la vida deja de ser una reacción automática a los golpes del entorno cuando decidimos qué naufragios estamos dispuestos a navegar.

¿Sabes hoy por qué sostienes lo que te cansa? ¿Tienes claro a qué cosas tendrías que renunciar para ser fiel a lo que te sostiene?

Mira eso que hoy te asusta o te agota. ¿Vale la pena?

Ahí, en ese n**o de incomodidad, es donde quizás —y solo quizás— empieza la vida de verdad.
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En nuestro consultorio, acompañamos a diario a quienes viven la complejidad de la migración. Recientemente, hemos reflex...
13/04/2026

En nuestro consultorio, acompañamos a diario a quienes viven la complejidad de la migración.

Recientemente, hemos reflexionado sobre un texto de nuestro amigo, el psiquiatra Dr. Vincenzo Di Nicola, cuyas palabras resuenan con lo que vemos en terapia: el migrante no solo mueve su equipaje, mueve su historia entera.

Quienes trabajamos con la comunidad migrante conocemos bien ese "dolor en los huesos" por el esfuerzo de adaptarse y esa "ausencia en los brazos" de los seres queridos que quedaron lejos. Para transitar este proceso, compartimos estos puntos fundamentales:

La migración es una "suma", no una resta: Aunque el destierro de raíces duele, no estamos perdiendo quienes somos; estamos añadiendo capas. Ser de "allá" y vivir "acá" nos otorga una multiplicidad de visiones que nos hace más resilientes.

El derecho a contar tu propia historia: En salud mental, recuperar la voz es vital. Tienes el derecho de narrar tu trayectoria sin etiquetas impuestas. Tu historia es de valentía y dignidad.

Por El poder de la cultura familiar: La identidad se sostiene en los pequeños hilos: una frase de la infancia, un sabor, un recuerdo. Esos vínculos nos mantienen unidos a nuestra esencia, sin importar las fronteras.

Negociar nuevos valores: Sanar implica reconciliar los valores de nuestra tierra de origen con los del lugar que nos acoge, encontrando un equilibrio que nos permita pertenecer sin traicionarnos.

Sanar el pasado para habitar el presente: Como nos enseña Vincenzo, a veces migrar también significa hacer un viaje de regreso a nuestras heridas para nombrarlas.

Reconciliarnos con nuestra historia familiar y con los que se quedaron —o se fueron antes— es lo que finalmente nos permite encontrar nuestro verdadero "lugar en la mesa."

El Dr. Vincenzo explica en su texto que el terapeuta que trabaja en el "umbral" (ese espacio entre lo que dejamos y lo que aún no somos) para ayudar a que ocurra un "evento" (un encuentro o cambio que transforma la vida).

Aquí puedes leer el artículo completo del Dr Vincenzo

https://www.psychiatrictimes.com/view/bits-and-pieces-building-a-family-on-3-continents-a-story-of-italian-migration

Si quieres una traducción háznoslo saber y te la enviamos.

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La idea de que los niños son “esponjas” es mucho más que una frase hecha; es una realidad neurobiológica y sistémica com...
12/04/2026

La idea de que los niños son “esponjas” es mucho más que una frase hecha; es una realidad neurobiológica y sistémica comprobada. Cuando observamos el comportamiento de un menor, no vemos una conducta aislada, sino el resultado final de una cadena de influencias que comienza en el hogar y se extiende hasta las estructuras sociales del mundo que habitamos.
La ciencia actual es contundente: el desarrollo infantil es un proceso ecológico donde el individuo es el reflejo directo de la salud de sus entornos.

El desarrollo infantil es un proceso ecológico donde el individuo es el reflejo directo de la salud de sus entornos

Es común que, ante el estallido de un comportamiento disruptivo en la infancia, la primera reacción social sea buscar un...
05/04/2026

Es común que, ante el estallido de un comportamiento disruptivo en la infancia, la primera reacción social sea buscar una etiqueta que nombre el “fallo” individual.

Vivimos en una cultura de la inmediatez que prefiere el diagnóstico rápido antes que la observación profunda. Sin embargo, cuando nos preguntamos qué tiene de malo un niño, estamos cometiendo un error de perspectiva fundamental: estamos mirando la bombilla fundida sin revisar la instalación eléctrica de toda la casa.

Aquí el resto del artículo 👇🏻

Vivimos en una cultura de la inmediatez que prefiere el diagnóstico rápido antes que la observación profunda

A veces la vida nos llega con dos caras, como ese ritual de dejar un diente bajo la almohada: por un lado está el hecho ...
01/04/2026

A veces la vida nos llega con dos caras, como ese ritual de dejar un diente bajo la almohada: por un lado está el hecho físico de crecer y, por otro, la magia de una visita esperada. Esa capacidad de vivir entre la realidad y la fantasía es, en el fondo, lo que nos salva de la lógica más dura del día a día.

Es como darnos permiso de poner el mundo "entre paréntesis" por un momento, dejando de lado nuestros juicios y prejuicios para poder recibir la experiencia de los demás tal cual es, con toda su honestidad.

Sin embargo, nos hace pensar mucho cuando esa magia se convierte en una forma de ocultar la verdad, especialmente con los más pequeños. A veces, por querer protegerlos (o protegernos), inventamos historias de castillos en el aire para no tocar el dolor o la pérdida.

Pero la verdadera fortaleza no nace de negar lo que nos duele, sino de aprender a nombrarlo. Los antiguos cuentos de hadas lo sabían bien: nos hablaban de bosques oscuros y de peligros reales porque entendían que la vida no es una línea recta, sino un paisaje con luces y sombras. Al final, no necesitamos mapas perfectos ni palabras complicadas, sino el respeto al ritmo de cada quien para procesar sus propias heridas, permitiéndonos encontrar la poesía incluso en medio de la fragilidad.

Reflexion tomada de un artículo del Dr Vincenzo Di Nicola https://www.psychiatrictimes.com/.../the-tooth-fairy-and... Te interesa la traducción del artículo en español? escribenos y te la haremos llegar.

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¿Alguna vez has sentido que tu relación es una montaña rusa que no se detiene? A veces nos venden la idea de que un buen...
31/03/2026

¿Alguna vez has sentido que tu relación es una montaña rusa que no se detiene?

A veces nos venden la idea de que un buen amor debe ser como un mar en calma, plano y sin olas, pero la realidad es que estar vivos es ser caóticos.

El amor no es un reloj suizo que marca la hora perfecta, es más bien como el clima de la ciudad: puedes despertar con un sol radiante y terminar la tarde bajo una tormenta eléctrica que nadie vio venir.

A esto los que saben le llaman la Teoría del Caos, que no es otra cosa que entender que las relaciones son sistemas tan sensibles que un detalle pequeñito, como un mal modo al despertar o un gasto inesperado, puede crecer como una bola de nieve hasta cambiarlo todo para mañana.

Lo más difícil cuando estamos en medio del pleito es que lo primero que hacemos es buscar un culpable, apuntamos con el dedo y juramos que el otro es quien tiene que cambiar.

Quizá no se trata de dejar de pelear, sino en aprender ese truco tan humano de intentar leerle el corazón al otro. Se trata de frenar un segundo antes de explotar y preguntarse qué le estará doliendo para que reaccione así, o qué miedo tiene para haberse quedado en silencio.

Cuando logramos hacer ese clic, aparecen esos momentos de encuentro donde, a pesar del enojo, una mirada o un roce de manos nos recuerda que seguimos en el mismo equipo.

Tal vez el amor es un baile que se aprende en momentos de calma y en plena tormenta.

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En la conversación sobre cómo funciona el cerebro, ha surgido un concepto que está cambiando nuestra forma de ver la int...
31/03/2026

En la conversación sobre cómo funciona el cerebro, ha surgido un concepto que está cambiando nuestra forma de ver la inteligencia y el desarrollo humano: la neurodivergencia. Aunque el término pueda sonar técnico, su esencia es profundamente sencilla y necesaria de comprender. Imagina que la mayoría de los cerebros funcionan como una autopista principal, con un flujo de tráfico predecible y bien señalizado.
La neurodivergencia sugiere que otros cerebros funcionan como rutas alternativas, con caminos secundarios, atajos inesperados o paisajes distintos. No es que estos caminos estén “rotos” o sean defectuosos; simplemente representan un cableado y un procesamiento de la información diferente al que la sociedad ha etiquetado como estándar.
https://www.publimetro.com.mx/.../c7-salud-mental-mentes.../
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Entrar en el terreno de las teorías sobre el Trastorno por Déficit de Atención (TDA) es abrir un debate profundo entre l...
22/03/2026

Entrar en el terreno de las teorías sobre el Trastorno por Déficit de Atención (TDA) es abrir un debate profundo entre la biología, la evolución y la sociología. No se trata solo de un diagnóstico clínico, sino de una interrogante que cuestiona si el problema reside realmente en el cerebro del niño o en el diseño de nuestra sociedad actual. Para comprender este fenómeno, es necesario mirar de cerca tres posturas que, aunque chocan entre sí, ofrecen piezas distintas de un mismo rompecabezas.

Aquí el articulo:

La visión dominante hoy es la teoría neurobiológica, que define al TDA

En la búsqueda por entender la mente infantil, hemos caído en una trampa semántica: confundir el síntoma con la identida...
22/03/2026

En la búsqueda por entender la mente infantil, hemos caído en una trampa semántica: confundir el síntoma con la identidad.
Hoy, el diagnóstico de TDA (Trastorno de Déficit de Atención) se ha convertido en una moneda de cambio corriente. Para muchos padres y sistemas escolares, recibir la etiqueta no es el inicio de un tratamiento, sino el final de una búsqueda.
Aquí el articulo completo:

Vivimos en una sociedad que nos exige “ser alguien”

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