28/04/2026
El esfuerzo de no perder al otro
Cuando alguien siente que la relación está en riesgo, se activa una fuerza interna que mezcla miedo, deseo y vulnerabilidad.
Ese “no quiero perderte” puede llevar a la desesperación, a la súplica, al acting out, o también a la transformación más profunda.
No es lo mismo actuar desde la angustia de abandono que trabajar desde la consciencia del yo.
En el primer caso, la persona intenta aferrarse como sea. Cede en exceso, se anula, promete lo que no puede cumplir, busca desesperadamente la validación del otro.
Allí, lo que actúa no es el yo, sino las huellas de la infancia: el conflicto de no ser suficiente, el miedo a ser dejado, la repetición del trauma primario.
En el segundo caso, cuando el yo logra intervenir, aparece algo diferente: la capacidad de reflexionar.
Ya no se trata de rogar amor, sino de preguntarse:
– ¿Qué parte de mí está contribuyendo a este desencuentro?
– ¿Qué puedo modificar sin perderme?
– ¿Qué necesito comunicar que nunca dije?
– ¿Cómo sostener el vínculo sin anularme dentro de él?
El yo, fortalecido por la consciencia, no busca recuperar al otro a cualquier precio, sino desde una posición más adulta: reconociendo sus fallas, asumiendo su responsabilidad y, sobre todo, distinguiendo entre lo que depende de sí mismo y lo que depende del otro.