27/01/2026
Los pacientes que sufren Trastorno Límite de Personalidad (TLP) saben bien lo que es una crisis. Son momentos de desbordamiento emocional y dolor exacerbado. Existen tantos tipos de crisis como pacientes, ya que estas se desarrollan en formas muy diversas. Sin embargo, encontramos algunos aspectos comunes como son la ansiedad exacerbada, el bloqueo cognitivo y emocional, las explosiones de ira, el pensamiento dicotómico, las ideas de abatimiento y desesperanza, los impulsos o actos de autolesión, de hostilidad o huida y la ideación o la conducta suicida. En los casos más severos pueden aparecer síntomas disociativos e ideas paranoides.
El TLP se sustenta en dos aspectos nucleares, una dificultad para regulación emocional y un déficit de control de impulsos. El gran Otto Kernberg, desde una perspectiva psicoanalítica, establece la problemática central del TLP, al igual que en otros trastornos del cluster B, sobre unos mecanismos de defensa del yo deficitarios. La escisión y sus procesos asociados, como la idealización, identificación proyectiva, negación, omnipotencia y devaluación, protegen al paciente límite del conflicto intrapsíquico en el corto plazo, pero reduciendo su capacidad adaptativa y su flexibilidad. Son conceptos complejos y que ofrecen un carácter explicativo ambicioso, sin embargo, menos útiles para el paciente por la dificultad que tienen para identificarlos en su experiencia.
Marsha Linehan, otra de las voces autorizadas en el ámbito del trastorno límite, establece cuatro aspectos centrales del TLP de una forma, aunque más reduccionista, más útil y asequible: desregulación interpersonal, desregulación emocional, desregulación del comportamiento y desregulación de la identidad.
Estos aspectos están íntimamente relacionados con los gérmenes de las crisis. Así encontramos como detonantes más frecuentes la frustración, los sentimientos de invalidación o el temor al abandono o al rechazo por parte del otro. También lo son los sentimientos de vacío, o de escasa valía, de desesperanza y abatimiento propios de estados anímicos negativos. La tensión emocional que genera la angustia y el miedo, propia de cuadros más ansiosos, también pueden ser factores generadores.