01/04/2026
Hay personas que llegan a terapia sin saber exactamente qué les duele… pero sí con la sensación de que algo dentro ya no puede más.
Alguien que ha aprendido a entenderlo todo… menos por qué se siente tan vacía en una relación donde “todo está bien”.
Alguien que se queda, no porque quiera… sino porque no sabe cómo irse sin sentir que está fallando.
Alguien que ama profundamente… pero cada vez que ama, se pierde un poco más.
Y entonces aparece esa idea que incomoda… pero también libera:
"En ocasiones, el mayor acto de amor… no es quedarse...
Es irte".
Irte cuando entiendes que tu presencia ya no suma, cuando lo que das empieza a doler más de lo que te nutre,
cuando amar se convierte en resistir, en justificar, en sostener lo insostenible.
Irte no siempre es rendirse.
A veces, es dejar de traicionarte.
Porque hay vínculos que no se rompen por falta de amor, sino por exceso de renuncias propias.
Y entonces te vas…
no porque no ames, sino porque, por fin, decides incluirte en ese amor.
Y ahí es donde vale la pena detenerse un momento:
¿Te estás quedando por amor… o por miedo a lo que implica irte?
¿Cuánto de ti has tenido que callar para que ese vínculo funcione?
¿Desde cuándo amar se volvió sinónimo de resistir?
¿Y si irte no es perder… sino dejar de perderte?
S**C-