07/10/2023
PAPÁ, MAMÁ, CADA QUIEN SUS SUEÑOS.
Es muy común encontrar en consulta Infantojuvenil a padres de familia preocupados por el rendimiento de sus hijos, hablo de su rendimiento en la escuela, los deportes y las actividades extracurriculares, e incluso en su desempeño social. Algunos ejemplos que expresan estas inconformidades o frustraciones son:
* "Yo sé que él puede sacar 9 o 10, pero es flojo y saca 7."
* "Si no supiera que tiene la capacidad, no le exigiría tanto."
* "Si su hermano(a) puede, él también debería poder."
* "A su edad, yo ya lo hacía; él también debería hacerlo."
Y así podría enumerar un sinfín de expresiones como esta, donde podemos notar que es común la PROYECCIÓN de expectativas y deseos de los padres sobre sus hijos.
Nadie les preguntó a esos niños y adolescentes si les gustaba, si querían, si podían o si les interesaba hacer algo. Simplemente se les miró como una mesa en la cual se pusieron a descansar expectativas y metas que no son suyas, sino que forman parte de esa herencia producto de sueños y aspiraciones personales que siguen inconclusas.
No me malinterpreten, los padres tienen la obligación de formar y preparar a sus hijos para ser adultos felices y de bien, y una parte de ello tiene que ver con estimular sus capacidades y potenciar su talento. Sin embargo, si eres papá o mamá, te dejo algunas ideas que pueden ayudarte a retar los ideales de éxito que tienes acerca de tus hijos:
1. Nadie dijo nunca, en ningún lugar, que si eres bueno para algo debas dedicar con obligatoriedad tu vida a ello. O mejor dicho, no por ser entonado y un buen cantante tienes por qué dedicarte al canto y ser un cantante de éxito.
2. Afortunadamente, todos somos buenos en muchas cosas, no solo en una. Y esto tiene una explicación: todas las habilidades y talentos están constituidos por una serie de características positivas que alimentan esa cualidad destacada. Por ejemplo, ser bueno en dibujo generalmente implica práctica y disciplina, agudeza visual, apreciación del talento de otros, creatividad, imaginación y un sinfín de características más. Todos tenemos el derecho de poner a prueba esos talentos, elegirlos, trabajarlos, cambiarlos y, aunque pueda sonar triste o angustiante para los demás, o incluso sonar a "desperdicio", tenemos el derecho de renunciar a alguno de ellos. ¿Por qué? Pues, porque sí.
3. Hacer algo bien no implica hacerlo perfecto. De la misma manera que en el punto anterior, uno tiene el derecho de elegir la intensidad, la dedicación y el grado de "perfección" con el que desea ejecutar sus cualidades. O sea, no por tener condición física y gusto por el running tengo por qué convertirme en ultramaratonista de 80 km o 160 km. Si quiero y es mi deseo, puedo elegir ser un corredor habitual y competitivo de 10 km, el mismo que no siente ningún tipo de frustración si no se cuelga la medalla del primer lugar al final de una carrera. Y está bien.
Lo sé, lo sé. Seguramente estarás pensando, pero mi hijo no sabe todo esto, ¿cómo puede "elegir con sabiduría" si apenas está conociendo el mundo y sobre todo, apenas está conociéndose a sí mismo? Bueno, en principio, este artículo lo escribo para hablar sobre las expectativas de los padres, y las ideas anteriores son un punto de partida para reflexionar sobre ello. Mi intención no es disuadir de lo que ya sabes: ofrecerle oportunidades y experiencias a tus hijos, tantas como estén dentro de tus posibilidades, propiciar el desarrollo de sus habilidades, ganar confianza sobre sus debilidades y enseñarle a sacar partido de sus talentos. Lo que pretendo más bien es que lo hagas teniendo en cuenta sus gustos, sus intereses y aprovechando su propia ola de curiosidad por saber sobre algo. Hoy quizás tu hijo tiene interés por los dinosaurios, enséñale. Ya habrá un largo y arduo camino donde podrás enseñarle sobre matemáticas o sobre cómo ser un líder.
Ayúdanos a descubrir sus talentos desde la curiosidad y no desde la exigencia. En estos años de práctica clínica, he observado cómo muchos niños y jóvenes abandonan sus talentos y aficiones simplemente porque no coinciden con los ideales de sus padres. Esto último sí que es triste y sí que es un desperdicio, porque no solamente es un talento que se apaga, sino que también se apaga la ilusión de tu hijo de vivir su vida haciendo uso de sus dones.
Tranquilo, nadie te enseñó esto antes. Y estoy seguro de que también tienes algunos talentos alojados en el baúl de los recuerdos. Sácalos, desempolvémoslos y, si necesitas ayuda, pídela. Tus sueños merecen ser hechos realidad, merecen ser hechos realidad por ti, no por tus hijos. Ellos ya tienen la tarea de luchar por los suyos con tu ayuda."
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Iván Niño, Psicólogo clínico de Ot. Cognitivo Conductual
Psicoterapeuta de Adolescentes, Adultos y Parejas.
Citas al +52 81 1978 0710 y +52 81 3128 6506
Manuel Maria de Llano 1137, Centro de Monterrey.