17/02/2026
El niño queda atrapado en un triángulo emocional: “si quiero a papá, lastimo a mamá; si quiero a mamá, traiciono a papá”. Ese triángulo es el corazón de la alineación parental. Y lo más triste es que el niño termina gestionando emociones adultas: se vuelve “cuidador”, “mediador”, “psicólogo”, “espía” o “confidente” y eso a futuro le pasa factura