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“¿Y ese frasco qué es, mi amor?”El niño ni levantó la mirada.“Es para comprarle un pastel al abuelo… él nunca ha tenido ...
12/12/2025

“¿Y ese frasco qué es, mi amor?”
El niño ni levantó la mirada.
“Es para comprarle un pastel al abuelo… él nunca ha tenido uno.”

Dijo la frase con una seriedad tan limpia, tan pura, que la madre sintió un n**o en la garganta antes de entender siquiera lo que pasaba.

Sobre la mesa había solo 23 pesos y un puñito de monedas que él acomodaba como si fueran tesoros.
No era el dinero lo que la conmovía…
Era el corazón de ese niño que todavía no sabía de precios, pero sí de gratitud.

El abuelo cumpliría años en una semana.
Un hombre de manos gastadas, silencioso, acostumbrado a dar sin esperar.
Nunca pedía nada.
Pero un día, casi riendo, había dicho:
“Yo nunca he tenido un pastel solo para mí…”

Y esas palabras, que para un adulto son solo un comentario, para el niño fueron una misión.

Desde entonces:
—Guardó monedas en vez de gastarlas.
—No compró dulces a la salida.
—Vendió dos dibujos en la escuela.
—Y cada noche metía una moneda más en ese frasco que sonaba a ilusión.

El domingo del cumpleaños llegó.
En la mesa, un pastel sencillo del supermercado.
Una vela torcida.
Un niño temblando de emoción.
Y un abuelo que, al verlo, se quebró en silencio.

No lloró por el sabor.
Ni por el tamaño.
Ni por el precio.

Lloró porque por primera vez en su vida…
alguien pensó en él con un amor tan pequeño por fuera y tan inmenso por dentro.

Porque a veces el gesto más grande
cabe en la alcancía más humilde.
Y a veces el amor verdadero viene de quien menos tiene,
pero de quien más siente.

Don Hilario tenía 78 añosy una costumbre que todos en la familia veían como manía de viejito:una cajita de galletas guar...
08/12/2025

Don Hilario tenía 78 años
y una costumbre que todos en la familia veían como manía de viejito:
una cajita de galletas guardada debajo de la cama.

Nadie sabía qué había dentro.
Ni sus hijos.
Ni sus nietos.
Ni siquiera su nuera, que era quien más lo ayudaba con la limpieza.

Cuando murió, en un silencio que dejó la casa hueca,
su hijo mayor fue quien se arrodilló para sacar la cajita.
Temblaba.
No por miedo de lo que encontraría,
sino por lo que ya no podría preguntarle.

La caja olía a madera vieja.
A tiempo.
A él.

Al abrirla, descubrieron billetes doblados tantas veces
que parecían frágiles como papel antiguo.
Había monedas que ya casi nadie aceptaba.
Y, entre todo eso, un papelito
doblado en ocho partes,
gastado en los bordes,
como si lo hubiera revisado cientos de veces.

El papel decía:
“Para cuando mis hijos me necesiten.”

Solo eso.

Y entonces, en esa sala llena de silencio y ausencia,
todos entendieron algo que les cayó como una verdad incómoda:

💔 No era dinero lo que estaba guardando.
Era un lugar en la vida de ellos.
Una manera de decir: “Aquí estoy, por si un día soy necesario.”

Don Hilario no quería salvar a nadie con cien pesos.
Quería seguir importando.
Quería sentir que todavía era parte de la historia familiar.
Que aún tenía algo que ofrecer, aunque fuera poquito.
Que no se había vuelto “carga”,
esa palabra silenciosa que tantos padres temen.

El hijo mayor rompió en llanto,
sosteniendo ese billete arrugado como si fuera oro:

—“Mi papá no guardó dinero…
guardó el deseo de seguir siendo útil.”

Y todos, en ese instante, lo entendieron:
el verdadero miedo de un padre no es envejecer…
es volverse innecesario.

Esa noche, la familia decidió algo que nunca antes habían dicho en voz alta:
que mientras ellos vivieran, él jamás sería un recuerdo guardado en una caja.

✨ Si tus padres guardan cosas “por si algún día”…
no les quites ese día.
A veces, lo único que quieren
es saber que todavía hacen falta en tu vida.

Durante siete años, Martha tuvo una idea clara: ahorrar. Compró una garrafa vacía de agua de 20 litros, la metió debajo ...
01/12/2025

Durante siete años, Martha tuvo una idea clara: ahorrar. Compró una garrafa vacía de agua de 20 litros, la metió debajo de su cama y empezó a llenarla con billetes de $20, $50, $100… Lo que podía, lo guardaba.

Se negó muchos antojos. No más salidas. No más cafés. No más “me lo merezco”. Dejó de comprarse ropa, zapatos, maquillaje. Incluso dijo que no a un viaje que había soñado toda su vida. Porque cada billete que guardaba… era una esperanza.

Y aguantó así. Años enteros. Soñando con el día en que rompería esa garrafa y empezaría algo: un negocio, una cirugía, una nueva vida.

Hasta que un día lo hizo. Rompió el plástico, vació todo sobre la cama… y el alma se le fue al suelo. Los billetes estaban rotos, húmedos, cubiertos de moho. Algunos deshechos… y entre ellos, caminaban cucarachas. Habían hecho su nido ahí. Años de esfuerzo… devorados por el abandono.

Y entonces entendió: no se trataba solo del dinero. Era todo lo que postergó por miedo, por costumbre, por esperar “el momento perfecto”. Era el precio de guardar sueños… y no moverlos.

Porque no siempre es un animal el que se come tus billetes. A veces es el tiempo. El silencio. La inacción. El miedo disfrazado de “prudencia”.

El dinero que no se mueve… se pudre.
El tiempo que no se aprovecha… se pierde.
Los sueños que no se arriesgan… se apagan.
Los te quiero que no se dicen duelen más adelante

No se trata de gastar sin pensar, sino de no dejar morir lo que hoy sí puedes hacer.

Marta no perdió su dinero; perdió el tiempo que había convertido en billetes. Aprendió, demasiado tarde, que el valor no está en atesorar los sueños bajo la cama, esperando un futuro ideal, sino en invertir el presente en construirlos. Porque la vida, como esos billetes, se consume en la quietud. La verdadera prudencia no es esperar, sino saber cuándo dar el paso que convierte el ahorro en vida, y el sueño en realidad.

Así que pregúntate: ¿Dónde estás guardando tu dinero, tu energía, tus ideas, tus te quiero? ¿En una garrafa que solo acumula polvo? ¿O en algo que realmente te haga avanzar?

Porque tal vez mañana… ya no quede nada que rescatar.



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Hola, aunque mi familia y yo siempre hemos sido muy entusiastas de adornar con un árbol de Navidad natural la casa en es...
30/11/2025

Hola, aunque mi familia y yo siempre hemos sido muy entusiastas de adornar con un árbol de Navidad natural la casa en esta temporada, creo que es tiempo de empezar a cambiar, hoy les comparto el mensaje que le dio una niña de 5 años a su padre antes de cortar el árbol de Navidad.

La Navidad pasada utilizamos un pino sintético, lo adornamos muy bonito y le gustó mucho. Para esta Navidad, quise sorprenderla llevándola al famoso "venga y corte su árbol de Navidad". Cuando estábamos en el área de "arbolitos de Navidad" recorriendo los pasillos que forman los hermosos árboles verdes y buscando el árbol ideal, una mujer mayor me preguntó: "¿Cuántos años tiene la princesita?" Y ella respondió: "5". La mujer le dijo que se parecía mucho a su nieta, que no pudo acompañarlos, y se despidió. Nosotros seguimos contemplando el árbol. Entonces ella me preguntó: "Papá, ¿este arbolito cuántos años tiene?" Sinceramente, no supe qué contestar y le pregunté a la persona que brindaba atención en el área. Y la persona respondió: "Este arbolito tiene de 8 a 10 años". Ella puso su cara de sorprendida y en las colinas se podían ver pinos majestuosos. Entonces ella preguntó: "¿Esos árboles cuántos años tienen?" Y el joven respondió: "Esos árboles están desde que mi papá era niño. Él me lo comentó, no sé cuántos años tienen, pero muchos". Ella se quedó admirada y justo cuando iba a cortar el árbol, ella me dijo: "Papá, la maestra nos dijo que los árboles tienen vida, ¿es verdad?" Así es, el árbol está vivo, por eso con el tiempo crece y su color es verde. "¿Si cortamos el árbol se va a morir?" Así es. Su color verde cambiará a café y morirá. "Papá, y si dejamos que este árbol crezca como los grandes que están allá, en casa ya tenemos el pino blanco que me gusta mucho". Entonces, ¿no lo quieres? "No".

Dimos un paseo y parecía que ella quería decir a todas las personas presentes en el área: "Dejen vivir a los árboles".

Quería sorprender a mi hija, pero el mensaje que ella me dio me sorprendió. Tal vez alguien más cortó el árbol, tal vez sigue ahí. Pero si tomamos conciencia y nos ponemos en el lugar del árbol, nos preguntaríamos: "¿Me han cuidado durante 10 años para dar mi vida solo para adornar su casa durante 1 mes?"

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—Shhhh… tranquilo, ya te va a pasar. Solo fue un raspón.El niño le hablaba a un carrito de juguete, con una rueda floja ...
29/11/2025

—Shhhh… tranquilo, ya te va a pasar. Solo fue un raspón.

El niño le hablaba a un carrito de juguete, con una rueda floja y la pintura desconchada. Estaba sentado en el suelo, frente a una tienda de comestibles, con un pañuelo envuelto en la mano y un frasco con pegamento mal cerrado.

—¿Qué haces, pequeño? —preguntó la dueña del local, mientras barría.

—Curo cosas que se rompieron. Pero no solo las pego… les doy un besito antes. Si no, no sana del todo.

—¿Y eso funciona?

—Claro. Así curaba mi abuela todo. Muñecos, platos, mi rodilla… incluso a mamá, cuando estaba triste. Decía que hay heridas que no se ven, y que lo único que las entiende… es un beso bajito.

La mujer sonrió con ternura.

—¿Y cómo te llamas?

—Nilo. Tengo siete, pero ya curé muchas cosas.

—¿Y la gente te trae sus cosas?

—Algunos sí. A veces me dan muñecas sin brazos, autitos que no ruedan, tazas con grietas. Otras veces solo me dejan cosas sin decir nada. Yo las curo y las dejo en esa caja. Si alguien las quiere, se las puede llevar. Lo importante es que se vayan contentas.

Señaló una cajita forrada en papel de regalo. Dentro, una jirafa de peluche con un parche en el cuello, una cucharita doblada como sonrisa y un avión de papel reforzado con cinta.

—¿Y te pagan?

—A veces con galletas. O con dibujos. Pero no importa. Yo solo no quiero que las cosas rotas se queden tristes.

—¿Y tú? ¿Estás roto, Nilo?

El niño pensó unos segundos.
Luego respondió sin drama, sin prisa:

—Un poquito. Pero me doy besitos también.

Durante semanas, la mujer le llevó objetos “rotitos” del almacén: un reloj que no daba la hora, una balanza que se inclinaba siempre a la izquierda, un frasco sin tapa. Nilo los recibía como si fueran pacientes importantes.

Pero un jueves, ya no apareció.

Ni su pañuelo.
Ni su caja.
Ni su voz susurrando cosas a los objetos.

La mujer preguntó a una vecina.

—¿El niño de los besitos? Sí. Lo vio una terapeuta infantil. Se emocionó tanto que habló con la madre. Le consiguieron un lugar en un taller creativo para niños con sensibilidad especial. Ahora dicen que ayuda a reparar juguetes rotos de hospitales. Pero nunca se olvida de darles un beso primero.

La mujer volvió a barrer la acera.
Y al lado del poste, encontró una nota escrita con lápiz:

“Las cosas rotas no están perdidas. Solo están esperando que alguien las entienda.”

A veces creemos que los niños solo juegan.

Pero hay niños…
que curan lo que los adultos ya no ven.

Ankor Inclán

“El calendario de las tradiciones”Cuando era niño, no tenía idea de fechas, ni de meses, ni de días. El calendario no ex...
11/10/2025

“El calendario de las tradiciones”

Cuando era niño, no tenía idea de fechas, ni de meses, ni de días. El calendario no existía para mí; el reloj era solo un adorno en la pared. Mi tiempo se medía de otra manera: en olores, en colores, en las manos tibias de mi mamá que me guiaban por las calles del centro.

Era ella quien me llevaba de la mano, y eran las tradiciones las que me decían en qué parte del año estábamos. No necesitaba saber que era septiembre: bastaba con ver los puestos llenos de banderitas, matracas y trompetas para entender que el Grito se acercaba. La emoción del verde, blanco y rojo me anunciaba que el mes patrio había llegado.

Cuando en nuestras caminatas el aire se impregnaba del aroma a copal y el naranja encendido de la flor de cempasúchil cubría las esquinas, yo sabía que era Día de Mu***os. Aquellas calles olían a ofrenda, a pan dulce, a velas encendidas para recibir a los que ya no estaban. No hacía falta un calendario; el olor a copal era mi señal.

El primero de diciembre, las luces aparecían como estrellas en las ventanas. Los pinos, los listones y los adornos en las tiendas me susurraban que la Navidad estaba cerca. Y cuando las vitrinas comenzaban a llenarse de juguetes y escuchaba el murmullo de los Reyes Magos en los anuncios de la radio, comprendía que era enero y que había que preparar el zapato junto a la puerta.

Así era mi infancia: un tiempo sin números, pero lleno de momentos que se sentían en el corazón. Yo no sabía de fechas exactas, pero me bastaba con esos signos mágicos para entender el paso de las estaciones, para saber que cada tradición marcaba la vida de mi pueblo.

Hoy, muchas de esas costumbres parecen diluirse en la prisa y la tecnología. Pocos recuerdan que el año también puede sentirse en los aromas y en las calles, no solo en una pantalla que marca el día y la hora.

Aquellos tiempos me enseñaron que el verdadero calendario es el de las tradiciones: los colores, los sabores y los olores que nos unen a nuestra cultura y a nuestra gente. No dejemos que se pierdan. Sigamos celebrando, porque esas pequeñas señales son las que mantienen viva la memoria y nos recuerdan de dónde venimos.

Un poco de humor...Me reí tanto que no podía dejar de compartirlo... 🤣🤣POEMA:Qué feliz soy amor mío!pronto estaremos cas...
11/10/2025

Un poco de humor...
Me reí tanto que no podía dejar de compartirlo... 🤣🤣

POEMA:
Qué feliz soy amor mío!
pronto estaremos casados,
el desayuno en la cama,
un buen jugo y pan tostado.

Con huevos bien revueltitos,
todo listo bien temprano.
Saldré yo hacia la oficina
y tú rápido al mercado.

Pues en sólo media hora
debes llegar al trabajo,
Y seguro dejarás
todo ya bien arreglado.

Tú bien sabes que en la noche
me gusta cenar temprano.
Eso sí, nunca te olvides
que yo vuelvo muy cansado.

Por la noche, teleseries,
cinemateca barato.
No iremos nunca de shopping,
ni de restaurantes caros,
ni de gastar los dineros,
ni despilfarrar los cuartos.

Tu guisarás para mí,
sólo comida casera.
Yo no soy como a la gente
que le gusta comer fuera...

¿No te parece, querida
que serán días gloriosos?
y no olvides que muy pronto,
yo seré tu amante esposo.

RESPUESTA ESCRITA POR ELLA

Qué sincero eres mi amor!,
Qué oportunas tus palabras!
Tú esperas tanto de mí
que me siento intimidada

No se hacer huevos revueltos
como tu mamá adorada,
se me quema el pan tostado....
de cocina no sé nada.

A mí me gusta dormir
casi toda la mañana,
ir de shopping, hacer compras
con la Mastercard dorada,

Tomar té o el cafecito
en alguna linda plaza,
comprar todo de diseño
y la ropita muy cara.

Conciertos de Luis Miguel,
cenas en La Guacamaya ,
mis viajes a Punta Cana
a pasar la temporada.

Piénsalo bien, aún hay tiempo,
la iglesia no está pagada.
Yo devuelvo mi vestido,
y tú, tu traje de gala.

Y el domingo bien temprano
para empezar la semana
pon un aviso en el diario,
con letra bien destacada:

'HOMBRE JOVEN Y BUEN MOZO
BUSCA UNA ESCLAVA MUY LERDA
PORQUE SU EX FUTURA ESPOSA,
AYER LO MANDÓ A LA MI**DA !!!!!!

✨Hay miedos que no vienen del mundo… vienen de lo que imaginamos que el mundo podría hacernos. Nos asustan pensamientos,...
11/10/2025

✨Hay miedos que no vienen del mundo… vienen de lo que imaginamos que el mundo podría hacernos.
Nos asustan pensamientos, no realidades.
Nos paralizan historias que nuestra mente repite hasta que parecen verdad.
A veces, el enemigo no está afuera, sino en la voz interna que no deja de decirte: “no puedes”, “te va a doler”, “te van a fallar”.
Pero cuando logras mirar al miedo de frente, sin correr, sin huir… descubres que era solo una sombra proyectada por tu mente. La libertad emocional comienza cuando entiendes que el miedo se disuelve al ser comprendido, no al ser evitado.
Atrévete a cuestionar lo que piensas. Atrévete a hablarle a tu miedo con amor y firmeza. Porque cuando la mente sana su manera de ver el mundo, el miedo ya no tiene dónde vivir.

Cuando un niño suplica: "Cárgame", es un anhelo de cercanía. No es incapacidad, es un llamado a la cercanía. Porque esta...
11/10/2025

Cuando un niño suplica: "Cárgame", es un anhelo de cercanía.
No es incapacidad, es un llamado a la cercanía. Porque esta es la verdad: un niño puede correr por el parque durante horas. Puede subir escaleras, perseguir amigos y saltar sin dudar. Pero de pronto, al ver a su mamá o a su papá, levanta los brazos y suplica: "Cárgame". Y en ese instante, no son sus piernas las que están cansadas, es su corazón el que necesita ser sostenido. Porque la cercanía física es el combustible emocional que necesitan. Las investigaciones sobre apego muestran que el contacto, el abrazo y la proximidad regulan el sistema nervioso del niño, reducen el cortisol y fortalecen su sentido de seguridad (Feldman, 2010). Ser cargado le comunica: "Estás a salvo. Perteneces. No tienes que enfrentar la vida solo". ¿Por qué importa comprender esto? Porque cuando no lo entendemos, creemos el mito: "Está mimado. Manipula. Ya debería ser independiente". Pero la ciencia susurra otra cosa: la verdadera independencia nace de una dependencia segura. Así se cultiva ese vínculo: cárgalo cuando puedas, sin avergonzarlo. Satisface su necesidad de conexión con abrazos, caricias y presencia real. Recuerda: ese "cárgame" de hoy se convertirá en la voz interna que un día dirá: "Puedo sostenerme a mí mismo". Los niños no piden que los cargues para siempre. Pero jamás olvidarán cómo se sintió ser sostenidos. Tal vez la pregunta no sea: "¿Por qué no puede caminar?", sino: "¿Y si esos brazos levantados realmente dicen: 'Abrázame fuerte para poder seguir'?". Porque el mundo no necesita solo niños que caminen con fuerza, sino seres humanos que conozcan la fuerza del amor que los sostuvo primero.

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07/10/2025

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07/10/2025

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¿Sabes cómo elige una mamá águila al padre de sus crías?No es por suerte. Lo pone a prueba.Arranca una rama del árbol, v...
05/10/2025

¿Sabes cómo elige una mamá águila al padre de sus crías?
No es por suerte. Lo pone a prueba.

Arranca una rama del árbol, vuela muy alto… y la deja caer.
Entonces, los machos que quieren conquistarla se lanzan a atraparla.
Uno lo logra. La devuelve con cuidado, de pico a pico.
Ella vuelve a soltarla. Y él vuelve a atraparla.
Así, una y otra vez.
Solo si no falla, ella lo elige.

Porque un día, ese macho no tendrá que atrapar una rama…
sino a su hijo, cuando caiga por el acantilado.

Después, juntos hacen un nido fuerte y alto.
Lo llenan con ramas duras y luego lo acolchan con sus propias plumas.
Allí nacen los aguiluchos.
Y al principio, los papás los cuidan con todo:
Les dan calor, comida, los protegen del sol y del frío.

Pero llega el momento de enseñarles a volar.
Y ahí… todo cambia.

El padre empieza a romper el nido.
Saca las plumas suaves, deja solo las ramas duras.
El hogar ya no es cómodo.
La madre vuela cerca con un pez… pero no se los da.
Solo lo muestra.
Y los aguiluchos chillan. Pero nadie se acerca.

Entonces, uno se atreve a moverse… y cae.

Cae con torpeza por el acantilado.
Pero justo antes de tocar el suelo…
el padre lo atrapa.
Y lo sube de nuevo.

Y otra vez.
Y otra más.
Hasta que, en una de esas caídas…
el aguilucho abre las alas.
Siente el viento.
Y vuela.

Ese día, ya no le dan el alimento en el pico.
Le enseñan a cazar. A defenderse.
A ser libre.

Así crían las águilas.
Con amor, sí…
pero también con esfuerzo, con pruebas, con coraje.

Porque una madre sabia no busca al más bonito, ni al más fuerte.
Busca al que no deje caer a sus hijos.

Y porque el amor no es retener para siempre…
es enseñar a volar. ✨️

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