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Dicen que cuando tu primer hijo es varón, es porque la vida intuyó que necesitabas descubrir una dimensión completamente...
03/03/2026

Dicen que cuando tu primer hijo es varón, es porque la vida intuyó que necesitabas descubrir una dimensión completamente nueva de amor. 🤍👦 Un amor que protege con valentía, nobleza y profundidad. Un pequeño héroe que toma tu mano como si desde el principio buscara tu protección y tu cuidado. Dicen que un hijo varón llega para enseñarte a ser fuerte con ternura, para envolverte en abrazos cálidos y recordarte que eres su refugio seguro. Él crece observando cómo das amor, cómo luchas por lo que crees y cómo te sobrepones a las adversidades. Y aunque no lo diga en voz alta, aprende de ti cada día. Un hijo no solo lleva tu apellido, también lleva tu legado en el corazón. Y aunque llegue el día en que sea grande, independiente y valiente, siempre habrá una parte de él que correrá hacia ti diciendo “mamá”, porque ese vínculo que se forma una vez, permanece por siempre, un lazo indestructible que dura toda la vida.

🚨 LA PSICOLOGÍA DEMOSTRÓ QUE NO TODOS AMAMOS IGUAL… Y LA FORMA EN QUE TE VINCULAS NO ES CASUAL 🚨Muchas personas creen qu...
22/02/2026

🚨 LA PSICOLOGÍA DEMOSTRÓ QUE NO TODOS AMAMOS IGUAL… Y LA FORMA EN QUE TE VINCULAS NO ES CASUAL 🚨

Muchas personas creen que en las relaciones solo hay dos tipos de personas:
👉 “Los que aman bien.”
👉 “Los que no saben amar.”
👉 “Los que se clavan demasiado.”

Pero la psicología mostró algo más claro.

El psicólogo John Bowlby y la investigadora Mary Ainsworth demostraron que existen distintos estilos de apego, formas en que aprendemos a vincularnos desde la infancia.

No nacen de la nada.
Se forman en las primeras relaciones.

Identificaron principalmente cuatro:

Apego seguro
• pueden confiar
• toleran la distancia
• se sienten valiosos
• no viven en alerta constante

Apego ansioso
• miedo a que los dejen
• necesitan confirmación frecuente
• sienten angustia cuando el otro se aleja
• piensan demasiado las relaciones

Apego evitativo
• les cuesta depender de alguien
• evitan mostrar vulnerabilidad
• necesitan mucho espacio
• se sienten incómodos con la cercanía emocional

Apego desorganizado
• quieren cercanía pero también la temen
• se sienten confundidos en relaciones
• reaccionan de forma impredecible
• buscan y rechazan al mismo tiempo

La idea incómoda es esta:

👉 Muchas peleas de pareja
👉 no son falta de amor
👉 son estilos de apego chocando.

Uno busca cercanía.
Otro busca espacio.

Y ambos sienten que el otro está equivocado.

Pero aquí está lo importante:

👉 El apego no es destino.

El cerebro puede cambiar.

Las experiencias seguras,
las relaciones estables
y el trabajo personal

pueden volver más seguro un sistema que aprendió a vivir en alerta.

No amas “mal”.
Amas según lo que aprendiste.

Y lo aprendido
también puede transformarse.

Decía Facundo Cabral:"La vida no te quita cosas: te libera de cosas… te alivia para que vueles más alto, para que alcanc...
17/01/2026

Decía Facundo Cabral:

"La vida no te quita cosas: te libera de cosas… te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.
De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones.
No perdiste a nadie: El que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.

No hay muerte… hay mudanza.
Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuelo y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.

Hay tantas cosas para g***r y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para g***r la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman; la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

No estás deprimido, estás desocupado.

Ayuda al niño que te necesita, ese niño que será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas.
Además, el servicio es una felicidad segura, como g***r de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá.

Da sin medida y te darán sin medida.
Ama hasta convertirte en lo amado; más aún, hasta convertirte en el mismísimo Amor.

“Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreír” .

"Cierra los ojos.Está ahí… ese niño que fuiste.El que soñaba sin miedo, el que reía sin freno, el que solo quería sentir...
17/01/2026

"Cierra los ojos.
Está ahí… ese niño que fuiste.
El que soñaba sin miedo, el que reía sin freno, el que solo quería sentirse amado.

Pregúntate:
¿Lo cuidaste como merecía?
¿O lo dejaste solo, asustado, esperando que alguien lo salvara?

Ahora míralo.
Con sus ojos llenos de preguntas y el corazón esperando respuestas.

Acércate.
Llámalo por su nombre y dile:
“Perdóname por no estar cuando más me necesitabas.
Hoy te miro.
Hoy te abrazo.
Hoy elijo protegerte.
Ya no estás solo, porque yo estoy aquí.
Porque tú eres yo… y yo soy suficiente”.

Abrázalo fuerte.
Dile que ya no tiene que esconderse.
Que puede correr, reír, dormir tranquilo.
Que nadie volverá a abandonarlo,
porque ahora tú eres su guardián, su refugio, su fuerza.
Y cuando el mundo te pese,
cuando sientas que no puedes,
recuerda: ese niño vive en ti.
Ese niño eres tú.
Y se merece lo mejor de ti.
Honrar a tu niño interior no es cursilería.
Es un acto brutal de amor propio.
Es la raíz que te mantiene vivo".

Noches de Insomnio de un Poeta Loco y Soñador✍️

“¿Y ese frasco qué es, mi amor?”El niño ni levantó la mirada.“Es para comprarle un pastel al abuelo… él nunca ha tenido ...
12/12/2025

“¿Y ese frasco qué es, mi amor?”
El niño ni levantó la mirada.
“Es para comprarle un pastel al abuelo… él nunca ha tenido uno.”

Dijo la frase con una seriedad tan limpia, tan pura, que la madre sintió un n**o en la garganta antes de entender siquiera lo que pasaba.

Sobre la mesa había solo 23 pesos y un puñito de monedas que él acomodaba como si fueran tesoros.
No era el dinero lo que la conmovía…
Era el corazón de ese niño que todavía no sabía de precios, pero sí de gratitud.

El abuelo cumpliría años en una semana.
Un hombre de manos gastadas, silencioso, acostumbrado a dar sin esperar.
Nunca pedía nada.
Pero un día, casi riendo, había dicho:
“Yo nunca he tenido un pastel solo para mí…”

Y esas palabras, que para un adulto son solo un comentario, para el niño fueron una misión.

Desde entonces:
—Guardó monedas en vez de gastarlas.
—No compró dulces a la salida.
—Vendió dos dibujos en la escuela.
—Y cada noche metía una moneda más en ese frasco que sonaba a ilusión.

El domingo del cumpleaños llegó.
En la mesa, un pastel sencillo del supermercado.
Una vela torcida.
Un niño temblando de emoción.
Y un abuelo que, al verlo, se quebró en silencio.

No lloró por el sabor.
Ni por el tamaño.
Ni por el precio.

Lloró porque por primera vez en su vida…
alguien pensó en él con un amor tan pequeño por fuera y tan inmenso por dentro.

Porque a veces el gesto más grande
cabe en la alcancía más humilde.
Y a veces el amor verdadero viene de quien menos tiene,
pero de quien más siente.

Don Hilario tenía 78 añosy una costumbre que todos en la familia veían como manía de viejito:una cajita de galletas guar...
08/12/2025

Don Hilario tenía 78 años
y una costumbre que todos en la familia veían como manía de viejito:
una cajita de galletas guardada debajo de la cama.

Nadie sabía qué había dentro.
Ni sus hijos.
Ni sus nietos.
Ni siquiera su nuera, que era quien más lo ayudaba con la limpieza.

Cuando murió, en un silencio que dejó la casa hueca,
su hijo mayor fue quien se arrodilló para sacar la cajita.
Temblaba.
No por miedo de lo que encontraría,
sino por lo que ya no podría preguntarle.

La caja olía a madera vieja.
A tiempo.
A él.

Al abrirla, descubrieron billetes doblados tantas veces
que parecían frágiles como papel antiguo.
Había monedas que ya casi nadie aceptaba.
Y, entre todo eso, un papelito
doblado en ocho partes,
gastado en los bordes,
como si lo hubiera revisado cientos de veces.

El papel decía:
“Para cuando mis hijos me necesiten.”

Solo eso.

Y entonces, en esa sala llena de silencio y ausencia,
todos entendieron algo que les cayó como una verdad incómoda:

💔 No era dinero lo que estaba guardando.
Era un lugar en la vida de ellos.
Una manera de decir: “Aquí estoy, por si un día soy necesario.”

Don Hilario no quería salvar a nadie con cien pesos.
Quería seguir importando.
Quería sentir que todavía era parte de la historia familiar.
Que aún tenía algo que ofrecer, aunque fuera poquito.
Que no se había vuelto “carga”,
esa palabra silenciosa que tantos padres temen.

El hijo mayor rompió en llanto,
sosteniendo ese billete arrugado como si fuera oro:

—“Mi papá no guardó dinero…
guardó el deseo de seguir siendo útil.”

Y todos, en ese instante, lo entendieron:
el verdadero miedo de un padre no es envejecer…
es volverse innecesario.

Esa noche, la familia decidió algo que nunca antes habían dicho en voz alta:
que mientras ellos vivieran, él jamás sería un recuerdo guardado en una caja.

✨ Si tus padres guardan cosas “por si algún día”…
no les quites ese día.
A veces, lo único que quieren
es saber que todavía hacen falta en tu vida.

Durante siete años, Martha tuvo una idea clara: ahorrar. Compró una garrafa vacía de agua de 20 litros, la metió debajo ...
01/12/2025

Durante siete años, Martha tuvo una idea clara: ahorrar. Compró una garrafa vacía de agua de 20 litros, la metió debajo de su cama y empezó a llenarla con billetes de $20, $50, $100… Lo que podía, lo guardaba.

Se negó muchos antojos. No más salidas. No más cafés. No más “me lo merezco”. Dejó de comprarse ropa, zapatos, maquillaje. Incluso dijo que no a un viaje que había soñado toda su vida. Porque cada billete que guardaba… era una esperanza.

Y aguantó así. Años enteros. Soñando con el día en que rompería esa garrafa y empezaría algo: un negocio, una cirugía, una nueva vida.

Hasta que un día lo hizo. Rompió el plástico, vació todo sobre la cama… y el alma se le fue al suelo. Los billetes estaban rotos, húmedos, cubiertos de moho. Algunos deshechos… y entre ellos, caminaban cucarachas. Habían hecho su nido ahí. Años de esfuerzo… devorados por el abandono.

Y entonces entendió: no se trataba solo del dinero. Era todo lo que postergó por miedo, por costumbre, por esperar “el momento perfecto”. Era el precio de guardar sueños… y no moverlos.

Porque no siempre es un animal el que se come tus billetes. A veces es el tiempo. El silencio. La inacción. El miedo disfrazado de “prudencia”.

El dinero que no se mueve… se pudre.
El tiempo que no se aprovecha… se pierde.
Los sueños que no se arriesgan… se apagan.
Los te quiero que no se dicen duelen más adelante

No se trata de gastar sin pensar, sino de no dejar morir lo que hoy sí puedes hacer.

Marta no perdió su dinero; perdió el tiempo que había convertido en billetes. Aprendió, demasiado tarde, que el valor no está en atesorar los sueños bajo la cama, esperando un futuro ideal, sino en invertir el presente en construirlos. Porque la vida, como esos billetes, se consume en la quietud. La verdadera prudencia no es esperar, sino saber cuándo dar el paso que convierte el ahorro en vida, y el sueño en realidad.

Así que pregúntate: ¿Dónde estás guardando tu dinero, tu energía, tus ideas, tus te quiero? ¿En una garrafa que solo acumula polvo? ¿O en algo que realmente te haga avanzar?

Porque tal vez mañana… ya no quede nada que rescatar.



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Hola, aunque mi familia y yo siempre hemos sido muy entusiastas de adornar con un árbol de Navidad natural la casa en es...
30/11/2025

Hola, aunque mi familia y yo siempre hemos sido muy entusiastas de adornar con un árbol de Navidad natural la casa en esta temporada, creo que es tiempo de empezar a cambiar, hoy les comparto el mensaje que le dio una niña de 5 años a su padre antes de cortar el árbol de Navidad.

La Navidad pasada utilizamos un pino sintético, lo adornamos muy bonito y le gustó mucho. Para esta Navidad, quise sorprenderla llevándola al famoso "venga y corte su árbol de Navidad". Cuando estábamos en el área de "arbolitos de Navidad" recorriendo los pasillos que forman los hermosos árboles verdes y buscando el árbol ideal, una mujer mayor me preguntó: "¿Cuántos años tiene la princesita?" Y ella respondió: "5". La mujer le dijo que se parecía mucho a su nieta, que no pudo acompañarlos, y se despidió. Nosotros seguimos contemplando el árbol. Entonces ella me preguntó: "Papá, ¿este arbolito cuántos años tiene?" Sinceramente, no supe qué contestar y le pregunté a la persona que brindaba atención en el área. Y la persona respondió: "Este arbolito tiene de 8 a 10 años". Ella puso su cara de sorprendida y en las colinas se podían ver pinos majestuosos. Entonces ella preguntó: "¿Esos árboles cuántos años tienen?" Y el joven respondió: "Esos árboles están desde que mi papá era niño. Él me lo comentó, no sé cuántos años tienen, pero muchos". Ella se quedó admirada y justo cuando iba a cortar el árbol, ella me dijo: "Papá, la maestra nos dijo que los árboles tienen vida, ¿es verdad?" Así es, el árbol está vivo, por eso con el tiempo crece y su color es verde. "¿Si cortamos el árbol se va a morir?" Así es. Su color verde cambiará a café y morirá. "Papá, y si dejamos que este árbol crezca como los grandes que están allá, en casa ya tenemos el pino blanco que me gusta mucho". Entonces, ¿no lo quieres? "No".

Dimos un paseo y parecía que ella quería decir a todas las personas presentes en el área: "Dejen vivir a los árboles".

Quería sorprender a mi hija, pero el mensaje que ella me dio me sorprendió. Tal vez alguien más cortó el árbol, tal vez sigue ahí. Pero si tomamos conciencia y nos ponemos en el lugar del árbol, nos preguntaríamos: "¿Me han cuidado durante 10 años para dar mi vida solo para adornar su casa durante 1 mes?"

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—Shhhh… tranquilo, ya te va a pasar. Solo fue un raspón.El niño le hablaba a un carrito de juguete, con una rueda floja ...
29/11/2025

—Shhhh… tranquilo, ya te va a pasar. Solo fue un raspón.

El niño le hablaba a un carrito de juguete, con una rueda floja y la pintura desconchada. Estaba sentado en el suelo, frente a una tienda de comestibles, con un pañuelo envuelto en la mano y un frasco con pegamento mal cerrado.

—¿Qué haces, pequeño? —preguntó la dueña del local, mientras barría.

—Curo cosas que se rompieron. Pero no solo las pego… les doy un besito antes. Si no, no sana del todo.

—¿Y eso funciona?

—Claro. Así curaba mi abuela todo. Muñecos, platos, mi rodilla… incluso a mamá, cuando estaba triste. Decía que hay heridas que no se ven, y que lo único que las entiende… es un beso bajito.

La mujer sonrió con ternura.

—¿Y cómo te llamas?

—Nilo. Tengo siete, pero ya curé muchas cosas.

—¿Y la gente te trae sus cosas?

—Algunos sí. A veces me dan muñecas sin brazos, autitos que no ruedan, tazas con grietas. Otras veces solo me dejan cosas sin decir nada. Yo las curo y las dejo en esa caja. Si alguien las quiere, se las puede llevar. Lo importante es que se vayan contentas.

Señaló una cajita forrada en papel de regalo. Dentro, una jirafa de peluche con un parche en el cuello, una cucharita doblada como sonrisa y un avión de papel reforzado con cinta.

—¿Y te pagan?

—A veces con galletas. O con dibujos. Pero no importa. Yo solo no quiero que las cosas rotas se queden tristes.

—¿Y tú? ¿Estás roto, Nilo?

El niño pensó unos segundos.
Luego respondió sin drama, sin prisa:

—Un poquito. Pero me doy besitos también.

Durante semanas, la mujer le llevó objetos “rotitos” del almacén: un reloj que no daba la hora, una balanza que se inclinaba siempre a la izquierda, un frasco sin tapa. Nilo los recibía como si fueran pacientes importantes.

Pero un jueves, ya no apareció.

Ni su pañuelo.
Ni su caja.
Ni su voz susurrando cosas a los objetos.

La mujer preguntó a una vecina.

—¿El niño de los besitos? Sí. Lo vio una terapeuta infantil. Se emocionó tanto que habló con la madre. Le consiguieron un lugar en un taller creativo para niños con sensibilidad especial. Ahora dicen que ayuda a reparar juguetes rotos de hospitales. Pero nunca se olvida de darles un beso primero.

La mujer volvió a barrer la acera.
Y al lado del poste, encontró una nota escrita con lápiz:

“Las cosas rotas no están perdidas. Solo están esperando que alguien las entienda.”

A veces creemos que los niños solo juegan.

Pero hay niños…
que curan lo que los adultos ya no ven.

Ankor Inclán

“El calendario de las tradiciones”Cuando era niño, no tenía idea de fechas, ni de meses, ni de días. El calendario no ex...
11/10/2025

“El calendario de las tradiciones”

Cuando era niño, no tenía idea de fechas, ni de meses, ni de días. El calendario no existía para mí; el reloj era solo un adorno en la pared. Mi tiempo se medía de otra manera: en olores, en colores, en las manos tibias de mi mamá que me guiaban por las calles del centro.

Era ella quien me llevaba de la mano, y eran las tradiciones las que me decían en qué parte del año estábamos. No necesitaba saber que era septiembre: bastaba con ver los puestos llenos de banderitas, matracas y trompetas para entender que el Grito se acercaba. La emoción del verde, blanco y rojo me anunciaba que el mes patrio había llegado.

Cuando en nuestras caminatas el aire se impregnaba del aroma a copal y el naranja encendido de la flor de cempasúchil cubría las esquinas, yo sabía que era Día de Mu***os. Aquellas calles olían a ofrenda, a pan dulce, a velas encendidas para recibir a los que ya no estaban. No hacía falta un calendario; el olor a copal era mi señal.

El primero de diciembre, las luces aparecían como estrellas en las ventanas. Los pinos, los listones y los adornos en las tiendas me susurraban que la Navidad estaba cerca. Y cuando las vitrinas comenzaban a llenarse de juguetes y escuchaba el murmullo de los Reyes Magos en los anuncios de la radio, comprendía que era enero y que había que preparar el zapato junto a la puerta.

Así era mi infancia: un tiempo sin números, pero lleno de momentos que se sentían en el corazón. Yo no sabía de fechas exactas, pero me bastaba con esos signos mágicos para entender el paso de las estaciones, para saber que cada tradición marcaba la vida de mi pueblo.

Hoy, muchas de esas costumbres parecen diluirse en la prisa y la tecnología. Pocos recuerdan que el año también puede sentirse en los aromas y en las calles, no solo en una pantalla que marca el día y la hora.

Aquellos tiempos me enseñaron que el verdadero calendario es el de las tradiciones: los colores, los sabores y los olores que nos unen a nuestra cultura y a nuestra gente. No dejemos que se pierdan. Sigamos celebrando, porque esas pequeñas señales son las que mantienen viva la memoria y nos recuerdan de dónde venimos.

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