30/01/2026
Bendito sea quien no siente que ha llegado,
porque sigue dispuesto a cambiar.
Bendito sea quien conoce la lucha por permanecer,
y no la confunde con un error.
Bendito sea quien ha perdido el equilibrio,
porque ya no vive aferrado a ilusiones.
Bendito sea quien no tiene respuestas fáciles,
y por eso sabe escuchar de verdad.
Bendito sea quien tiembla ante el amor,
y no lo usa para dominar ni para escapar.
Bendito sea quien no pide ser salvado,
sino ser encontrado.
Bendito sea quien ha llorado sin vergüenza,
porque ha dejado de defenderse de la vida.
Bendito sea quien no confunde fuerza con control,
ni libertad con ausencia de ataduras.
Bendito sea quien sabe permanecer incluso cuando no entiende,
porque la verdad no siempre llega de inmediato.
Bendito sea quien no pretende sanar al otro,
sino que acompaña con presencia.
Benditos sean los que no se creen mejores,
porque han visto de cerca su propia fragilidad.
Benditos sean los que pasan sin endurecerse,
porque no todo lo que duele debe convertirse en armadura.
No son bendecidos por ser justos.
Son bendecidos por ser auténticos.
Y porque eligieron seguir siendo humanos,
incluso cuando les costó caro.
Carlo D'Angelo
Imagen: Leiko Tar