23/02/2026
Hoy, en varios estados de nuestro país como Jalisco, Michoacán y Nayarit, la realidad nos duele. Nos atraviesa. Nos despierta con una pregunta incómoda: ¿cómo estar bien cuando el entorno no lo está?
Como psicóloga con enfoque humanista, me niego a dar respuestas fáciles. No te voy a decir “piensa positivo” ni “échale ganas”. Porque cuando el miedo y la violencia se vuelven parte del paisaje cotidiano, el "estar bien" automático es, en realidad, una coraza.
Vivimos en un país donde aprender a "estar bien" a fuerza, se convierte en una estrategia de supervivencia. Nos preguntan "¿cómo estás?" y respondemos "bien, ¿y tú?", aunque por dentro carguemos con una bruma emocional que no sabemos nombrar. Aunque sepamos lo que hierve bajo la superficie
Y es que el caos que vemos afuera, también lo hemos sostenido desde adentro. No para culparnos. La culpa es paralizante y nos hunde más en el resentimiento. Se trata de algo más profundo: de reconocer que somos ciudadanos atravesados por las mismas violencias que otros ciudadanos ejercen. Y que, aunque duela, tenemos una parte de responsabilidad en el tejido social que estamos construyendo.
Hoy no quiero hablar de culpas. Quiero invitarte a una pausa.
Una pausa que no niegue el dolor, pero que tampoco se ahogue en el pánico. Una pausa para preguntarnos:
¿Desde dónde estoy habitando este país?
¿Qué valores estoy sosteniendo en mi día a día, en mi trato con los otros, en mi indiferencia o en mi solidaridad?
¿Estoy dispuesto a hacer un balance, primero conmigo mismo y luego con mi comunidad?
El caos no se resuelve solo con exigir cambios afuera. También se transforma cuando hacemos los ajustes necesarios hacia un desarrollo humano más auténtico, más consciente y más compasivo.
Hoy, si algo te duele, si algo te remueve, si la bruma emocional te nubla: siéntate contigo. Respira. Pregúntate qué necesitas para no perderte en el miedo, sino para habitarlo con dignidad. Tal vez, eso que necesitas hoy es abrazarte a tu red de apoyo, o comenzar a construir una, para complementarnos en comunidad.
Y si sientes que esa bruma no te deja ver, aquí estoy para acompañarte a ponerle nombre y luz.
Yo te escucho
Psi Margarita González