12/08/2025
👌🏻
En la psicosis, el sujeto queda expuesto —sin las defensas que ofrece el mecanismo de represión— a los contenidos más crudos del inconsciente.
Mientras en la neurosis el “retorno de lo reprimido” está filtrado y distorsionado, en la psicosis el inconsciente irrumpe sin mediación: la forclusión del Nombre-del-Padre deja al sujeto sin el anclaje simbólico que permitiría organizar el sentido.
Por eso, Lacan llama al psicótico un mártir del inconsciente: no en el sentido de víctima pasiva, sino como testigo que carga con la experiencia directa de esa verdad inconsciente, sin el velo que protege al neurótico. El delirio y la alucinación no son meros “síntomas” sino construcciones que el sujeto elabora para sostenerse frente a esa invasión de lo real.
En la clínica, esto nos recuerda que el psicótico no “imagina” su experiencia, sino que la vive como certeza —y nuestro trabajo consiste en ofrecer un lugar donde esa certeza pueda ser articulada en un lazo social sin aplastarla ni negarla.