08/04/2026
Lo que me he dado cuenta sobre la autoobservación y la observación de los alumnos que vienen a Semilla:
No todo alumno que entra en Semilla está en el momento de su proceso para voltear a ver hacia su interior. A veces, cuando nos ocurren situaciones complejas que no comprendemos, no queremos detenernos y analizar por qué sucedió o para qué sucedió. Pudimos habernos dado cuenta de que fallamos en algo, así que la tendencia es ir hacia el exterior, y esto también es correcto.
Cuando un alumno no puede sostener una meditación, posturas pasivas o clases de relajación, es porque su mente se activa y sentimos la necesidad de huir. Lo mejor que pueden hacer, y lo más sano, es mover la energía estancada que se siente almacenada en el cuerpo y en la mente. Hacer actividades más dinámicas es la mejor opción.
Cuando dejas de ir al exterior porque te cansas o ocurre un agotamiento físico o mental, es cuando la vida nos empuja a detenernos una vez más y nos da la oportunidad de volver a mirar hacia el interior. Quizá, con una actitud más curiosa, es el mejor momento para prácticas de meditación y atención plena.
Cuando vas hacia el interior, te encuentras con crudas verdades, pero en esta ocasión hay más disposición para observarlas y aprender a comprenderlas sin juicio, porque nada en nuestra vida está mal. Aquello que nos parece complejo es justo lo que tu estructura mental —o tu ego— necesitaba.
Cuando exploras en esta ocasión tu interior, te das cuenta de que no siempre tienes que ir a toda velocidad, como lo marca el ritmo descontrolado del consumismo. Puedes ver y apreciar la naturaleza y sentirte parte de ella. Comprendes que todo tiene un ciclo, un proceso y un ritmo, y que está bien.
Estamos aquí observando desde nuestra alma, y está bien. Aparece una energía más quieta, más estable; no estancada ni alborotada. Cuando algo altera esta quietud, lo notas y simplemente ajustas tus prácticas.
En donde te encuentres es lo correcto.
Aquí y ahora es lo correcto.
Con cariño,
Anaid.