03/03/2026
"Un paciente dejó de venir a terapia y yo no le escribí.
No fue indiferencia. Fue una decisión clínica.
Lo fácil habría sido mandar un mensaje.
Algo breve. Correcto. Tranquilizador.
Pero a veces lo fácil no es lo más clínico.
Esa persona estaba acostumbrada a irse
y que alguien la buscara.
A retirarse y que otro insistiera.
Ese era el patrón.
Parte del trabajo era justamente ese:
dejar de ocupar el lugar de “me voy y que me persigan”.
Porque a veces intervenir no es hacer más. Es no repetir.
Si yo insisto, perpetúo el circuito.
La terapia es un espacio voluntario.
La demanda la trae quien consulta.
El movimiento empieza del lado del paciente.
El proceso no puede sostenerse porque el o la psicóloga insista.
Se sostiene porque tú lo eliges.
Si yo persigo, la decisión deja de ser tuya. Y sin decisión propia no hay implicación.
Sin implicación no hay proceso.
¿Podría haber escrito? Sí.
¿Era obligatorio? No.
No escribir no siempre es abandono.
A veces es una intervención silenciosa.
Una que devuelve la responsabilidad.
Y voy a escribirte algo más honesto todavía: cuando alguien deja de venir, también me cuestiono.
Reviso. Pienso. Siento.
La clínica no nos es indiferente.
Pero sostener un encuadre también es cuidar el proceso".
En terapia no se persigue. Sé te espera.