27/01/2026
🧠La prisión que estaba en la mente
Hubo una vez alguien que aprendió a creer que no podía.
Cada intento fallido, cada rechazo, cada herida, fue construyendo una idea silenciosa: “No sirve intentarlo”.
Con el paso del tiempo, esa persona creció, se fortaleció, adquirió habilidades, experiencia y recursos.
Pero algo no cambió: la forma en que se miraba a sí misma.
No era la realidad la que la detenía.
Era la idea que había aprendido sobre sus propias posibilidades.
En psicología sabemos que, cuando alguien vive repetidas experiencias de dolor o frustración, puede llegar a convencerse de que no tiene salida. A eso le llamamos indefensión aprendida: dejar de luchar no porque no se pueda, sino porque se cree que no se puede.
Y así, muchas personas siguen viviendo desde frases que se repiten como verdades absolutas:
“Así soy yo.”
“Nunca voy a lograrlo.”
“Siempre me pasa lo mismo.”
Pero la verdad es otra.
Ya no eres la misma persona que eras antes.
Has crecido, has aprendido, has sobrevivido a cosas que pensaste que no podrías soportar.
Tal vez lo que te detiene hoy no sea tu falta de capacidad, sino una creencia antigua que ya no te pertenece.
A veces, no necesitas más fuerza…
solo darte permiso de intentarlo de nuevo.