15/11/2025
"Quien sirve con el corazón siembra soles en los ojos de los que le miran."
En los primeros amaneceres del Quinto Sol, los hombres olvidaron que cada uno de sus actos tejía el destino del mundo.
Caminaban sin conciencia de que sus pasos eran observados por los ojos del futuro.
Entonces, el Espíritu del Viento Ehecatl-Quetzalcóhuatl
habló con voz suave pero profunda:
– Cuiden lo que hacén, hijos del Sol, porque los pequeños corazones siempre los miran. Ellos no aprenden de lo que dicen, sino del fuego que arde y realizan sus actos.
Y así es, los niños comenzaron a mirar y aprender.
Miraban al hombre que trabajaba con dignidad, al que ofrecía su palabra y la cumplía, al que ayudaba sin buscar reconocimiento y aplauso.
Ellos veían sin saber que estaban aprendiendo los secretos del valor y la ternura, de la lealtad, la rectitud y la dignidad.
Los sabios decían que en cada gesto sincero nacía una flor invisible, y esa flor dejaba semilla en los corazones jóvenes.
Por eso, quien vivía con entrega encendía fuegos que no se apagaban, pues el ejemplo puro es llama que se multiplica sin ruido.
Con el paso de los soles, aquellos niños se volvieron hombres y mujeres del nuevo linaje.
Su mirada era clara como el agua, sus manos fuertes y su palabra firme.
Habían aprendido del silencio de los justos, del corazón del servidor, del brillo humilde del que da sin esperar.
Desde entonces, los toltecas enseñaron que el Guerrero Verdadero no necesita hablar fuerte ni mostrarse ante el mundo.
Sus enseñanzas están en su manera de vivir, porque el ejemplo es el espejo donde los pequeños corazones descubren la forma de la luz.
Que este mito camine con ustedes, y que su ejemplo siga sembrando luz en los corazones que le miran. Vivir en conciencia.