24/01/2026
¿Y si el ejercicio fuera una “intervención cerebral” y no sólo física?
Un estudio reciente publicado en The Journal of Physiology plantea algo potente —y muy bien sustentado—: la actividad física actúa en varios puntos clave del cerebro relacionados con el Alzheimer, incluso antes de que aparezcan los síntomas.
No habla de curas mágicas. Habla de mecanismos reales. El ejercicio regular puede:
Reducir la neuroinflamación crónica.
Disminuir la acumulación de β-amiloide.
Favorecer la eliminación de proteínas tóxicas.
Aumentar la resiliencia de las neuronas.
Estimular la neurogénesis en el hipocampo (memoria y aprendizaje).
💡 En palabras simples: Mover el cuerpo activa procesos biológicos que protegen al cerebro frente a los cambios asociados a la enfermedad de Alzheimer.
📌 Pero OJO: El ejercicio no reemplaza tratamientos, pero sí puede ser una estrategia preventiva y complementaria, basada en la fisiología real, no en modas.
Quizá no podamos controlar todos los riesgos… Pero sí podemos activar mecanismos que juegan a favor del cerebro.
Fuente:
Brendborg, N. & Febbraio, M.A. (2026), Intervention points for the role of physical activity in prevention and treatment of Alzheimer's disease. Journal of Physiology. Wiley. https://doi.org/10.1113/JP286747