22/07/2025
Ya procesé mi duelo, ¿Y ahora qué sigue? Autora: Alicia Campos Vera
Muchas personas después de haber concluido su proceso de duelo, suelen preguntarme ¿y ahora qué sigue?, y agregan, “aunque ya acepé su muerte, me cuesta trabajo lidiar con su ausencia, con las rutinas y con proyectos que tenía con mi ser amado”.
Algunos tanatólogos o terapeutas dividen el duelo en dos partes, una para procesar las emociones que impiden aceptar la muerte del ser querido, y otra parte (del mismo duelo) que implica vivir sin la persona amada. Para mí, el duelo es solo el proceso de cerrar ese ciclo que viviste (tiempo pasado) con tu ser querido, y que efectivamente termina con la aceptación. Lo que sigue después de haber aceptado la pérdida, ya no es un duelo, sino el proceso de vivir tu nueva realidad (ya sin él o ella).
Ahora bien, ¿Cómo saber cuando termina uno y empieza el otro? El duelo termina cuando logras la aceptación del deceso, es cuando puedes hablar del ser querido ya sin llanto, tal vez solo con algo de nostalgia; es cuando dejas de buscar respuestas a preguntas que no las tienen, y cuando dejas de culparte porque aceptas que así tenían que pasar las cosas.
La nueva realidad inicia cuando has cerrado tu ciclo con el ser amado y ahora evalúas lo que te queda. Es el momento en que haces conciencia sobre las herramientas que tienes para hacer frente al vacío que dejó tu pérdida, a las costumbres y rutinas que tenías con ese ser querido, a las necesidades económicas, a los requerimientos familiares y sociales, etc.
El primer “enemigo” a vencer es el miedo. Hay dos clases de miedo, el que asusta y paraliza y el que dispara la adrenalina para enfrentar el peligro. Hay que vencer ese miedo que asusta, ese miedo que te dice que no vas a poder hacer las cosas sin el ser amado, el que te dice que el dolor y la tristeza nunca van a pasar, o el que te grita que no serás capaz de volver a sonreír. Utiliza el miedo que te dispara la adrenalina para ponerte de pie y luchar, que te impulsa a vencer y te motiva a reorganizar tu vida. Hay muchos casos de padres o madres que se sentían incapaces de salir adelante sin el apoyo de la pareja, pero al final encontraron una nueva forma de organizar su vida y darse tiempo para todo lo importante, así como pedir ayuda cuando en realidad era necesario.
Otro factor que dificulta transitar por tu nueva realidad, es la inseguridad, sobre todo si a lo largo de tu vida hubo gente que te repetía que no eras capaz de hacer las cosas por ti mima (o). Cuando esos pensamientos lleguen a tu mente, conviértelos en algo motivador como, “si puedo”, “lo lograré”, “es hora de demostrar de lo que soy capaz”, etc., y ante cualquier obstáculo, investiga, lee y asesórate. Por ejemplo, durante la pandemia, algunas personas perdieron a varios miembros de la familia, pero después de analizar lo que les quedaba, investigaron sobre los negocios familiares para darles seguimiento, se asesoraron con dependencias gubernamentales para posibles subsidios o apoyos económicos, se unieron a grupos de apoyo o de emprendedores, todo con el firme propósito de aprender, avanzar, hacer uso de su potencial y reestructurar sus vidas.
Otra limitante es la añoranza. Si te centras en recordar lo perfecta que era la vida antes de esa pérdida, o como sigue doliendo la ausencia, y otras sensaciones inquietantes de la vida pasada con tu ser querido, aparte de generar frustración, van a disminuir tu capacidad para enfocarte en el presente y trabajar en proyectos a futuro.
Dejé a lo último los enemigos más desagradables, que son la autocompasión excesiva, la victimización y la conmiseración hacia lo que nos ha ocurrido. Todos ellos son útiles para reconocer el sufrimiento por pérdidas, pero de forma exagerada puede dificultar el superar obstáculos y avanzar hacia metas y objetivos claros.
Cuando sientas que todo está en tu contra, puedes utilizar la espiritualidad como recurso, puedes imaginar que tu ser querido te motiva, te asesora (como lo hacía en vida), y te acompaña, eso puede alentarte a ponerte de pie para honrar su memoria y de alguna manera “trabajar juntos” como a él, o a ella le gustaría que lo hicieras.