13/02/2026
La feria que demuestra que el pueblo organizado sí puede gobernar
Isaías Chanona Hernández
Cada año, cuando se anuncia la Feria de Tecomatlán, no estamos hablando únicamente de una festividad regional, estamos ante la expresión concreta de que el pueblo trabajador, cuando se organiza y toma en sus manos su destino, es capaz de construir desarrollo, cultura y bienestar sin depender de los caprichos del mercado ni de la dádiva oficial.
Del 15 al 22 de febrero, más de 130 mil visitantes acudirán a la “Feria de la unidad entre los pueblos”. No es una cifra menor, implica planeación, infraestructura, seguridad, logística, financiamiento y, sobre todo, conciencia colectiva, nada de esto surge por generación espontánea, es fruto del trabajo coordinado entre el gobierno municipal antorchista y la comunidad organizada.
En un país donde muchas ferias se han convertido en negocios privados disfrazados de tradición, en Tecomatlán ocurre algo distinto, los eventos culturales, el jaripeo, el teatro, los conciertos y la muestra gastronómica son gratuitos. Esto no es populismo ni improvisación, es una decisión política, se entiende que el acceso a la cultura y al esparcimiento también forma parte del bienestar social y no debe estar reservado para quien pueda pagar.
Pero lo más importante no es el espectáculo, es el modelo. Tecomatlán, la “Atenas de la Mixteca”, demuestra que un municipio pobre puede transformarse cuando el presupuesto público se invierte en infraestructura, educación, cultura y servicios, y cuando la ciudadanía participa activamente en la gestión de sus propias actividades económicas para financiar proyectos colectivos. Allí no gobierna el individualismo; gobierna el pueblo organizado.
Quienes reducen esta feria a una simple celebración ignoran su contenido, cada danza regional, cada platillo tradicional que se ofrece, es una defensa de la identidad de los pueblos frente a un sistema económico que homogeneiza, excluye y empobrece, mientras el modelo neoliberal concentra la riqueza en pocas manos, en Tecomatlán se practica la redistribución social del esfuerzo y del beneficio.
La seguridad garantizada para miles de asistentes no es casualidad, es resultado de una estrategia donde comunidad y autoridad caminan juntas, cuando el pueblo se siente parte de su gobierno, cuida lo que construye, esa es una lección que debería discutirse en todo el país.
México atraviesa momentos complejos como desigualdad creciente, precarización laboral y abandono del campo, frente a ello, no basta con discursos ni programas asistenciales, se requiere organización política consciente, capaz de transformar las estructuras económicas que generan pobreza, la experiencia de Tecomatlán confirma que sí es posible avanzar cuando se prioriza el interés colectivo sobre el lucro privado.
La Feria de la unidad entre los pueblos no compite con nadie, propone un camino, invita a reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos, una donde el pueblo sea espectador de decisiones ajenas o una donde sea protagonista de su propio desarrollo.
Debemos mirar con atención este ejemplo, no para copiar mecánicamente, sino para asumir la tarea histórica de organizarnos, educarnos políticamente y luchar por un modelo más justo. Si un municipio de la Mixteca pudo transformar su realidad con trabajo colectivo y claridad de objetivos, ¿qué nos impide hacerlo en todo el país? la respuesta no está en la resignación, sino en la unidad consciente de los pueblos.