10/05/2025
Este es el primer día de las madres desde que mamá se fue.
Y si bien yo soy madre desde hace algunos años, esta es la primera vez que esta fecha llega con ese aguijón amargo del duelo.
En la comida familiar de ese día festejábamos a todas las que somos madres, pero ella era la reina. Ahora que nos toca vivir en la piel de mamás, entendemos mejor todo lo que hizo por nosotros y cuánto costó.
Hoy hay un silencio que cala. Sí, agradezco el enorme privilegio de ser la madre de mis hijos, festejo cada uno de los días que la vida me ha dado a su lado y no dejo de sorprenderme del milagro de haber creado de mi sangre a estos seres que tantas, tantísimas alegrías han traído a mi vida.
Como madres vivimos con el miedo de esas últimas veces con nuestros hijos. Pensamos, “un día será la última vez que te cargue, que duermas en mis brazos, que me pidas jugar en el piso”. Pero, casi sin notarlo, hubo muchas últimas veces con mi propia madre y no supe valorarlas. La última vez que le llamé para preguntarle el ingrediente que me faltaba en la receta, la última vez que pasé a su casa a tomarme un café, la última vez que me llamó para preguntarme cuál era su contraseña de Netflix.
Este día de madres, tal vez no sonría tanto como otros años, pero te pienso mamá, agradezco todo lo que me diste y cada uno de los años a tu lado y te prometo que en mí y en mis hijos vivirás por siempre.