30/01/2026
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Hay momentos en la vida en los que la cinta se enreda tanto que ya no sabemos por dónde empezar. Nudos de miedo, de dolor, de culpa, de enfermedad, de decisiones mal tomadas… n**os que aprietan el alma y nos roban la paz.
En esos momentos, María no llega con prisa, llega con ternura. No jala la cinta, no la rompe, no la juzga. La toma en sus manos, una por una, con paciencia de Madre, y comienza a desatar lo que nosotros ya no podemos.
Entregarle la cinta de tu vida a María es un acto de confianza profunda. Es decirle: “Madre, aquí está todo… lo bueno, lo roto, lo que duele, lo que no entiendo. Haz tú lo que yo no puedo.” Y cuando ella toca la cinta, algo cambia: los n**os no desaparecen de golpe, pero el corazón se aquieta, la carga se vuelve más ligera y la esperanza vuelve a respirar.
María no desata para que la vida sea perfecta, desata para que el alma sea libre. Desata para que volvamos a amar, a creer, a esperar. Desata para que el dolor no tenga la última palabra. Hoy, si sientes que todo está enredado, entrégale tu cinta. Ella sabrá qué hacer con cada n**o. Y mientras desata, te sostendrá la mano. 🪢
Israel Mercado ✍🏼