02/12/2025
Se empieza a hablar de cápsulas antienvejecimiento y de extender la longevidad de nuestros órganos y sistemas. La ciencia avanza y es posible que pronto podamos retrasar ciertos procesos biológicos. Pero vale la pena detenernos en una pregunta más profunda: ¿de qué sirve vivir más si no estamos viviendo mejor?
Llegar a edades muy avanzadas ya es una realidad, y aun así vemos cómo la calidad de vida de muchas personas mayores se deteriora. No solo es el cuerpo: también se desgastan las emociones, el sentido de identidad, los vínculos sociales, el acceso a una vida digna y el acompañamiento. Alargar la vida biológica sin transformar las condiciones sociales, emocionales y mentales solo prolonga los mismos problemas que hoy ya generan sufrimiento.
Antes de celebrar que podríamos vivir 120 o 150 años, deberíamos preguntarnos si estamos construyendo un entorno donde ese tiempo extra tenga sentido: salud integral, redes de apoyo, bienestar emocional, inclusión, respeto y autonomía. La longevidad no debería medirse solo en años, sino en calidad de existencia.