13/02/2026
“A todo hombre sobre esta tierra
la muerte llega pronto o tarde;
¿Y qué mejor manera puede morir un hombre
que enfrentando terribles adversidades,
por las cenizas de sus padres,
y el templo de sus dioses?”
— Horacio
En Tamaulipas y en México vivimos tiempos complejos. No podemos negarlo. Hay dolor, hay ausencias, hay injusticias que pesan en la memoria colectiva. Pero también hay dignidad, historia, fe y una fuerza silenciosa que sostiene a nuestras comunidades.
Cuando Horacio habla de “las cenizas de sus padres”, pienso en nuestra memoria histórica, en quienes nos precedieron, en lo que nos heredaron: cultura, lucha, trabajo, identidad. Y cuando menciona “el templo de sus dioses”, pienso en nuestros valores, en aquello que consideramos sagrado: la vida, la familia, la justicia, la verdad.
No se trata de morir literalmente por nada ni por nadie. Se trata de vivir con valentía.
De no ser indiferentes.
De involucrarnos.
Enfrentar las adversidades hoy significa participar en la vida pública, exigir transparencia, acompañar a las víctimas, fortalecer nuestras comunidades, educar con valores, votar con conciencia, dialogar sin odio y actuar con responsabilidad.
México no necesita espectadores.
Necesita ciudadanos comprometidos.
Que nuestra generación no sea recordada por el silencio, sino por haber asumido su parte.
Que defendamos lo que amamos no desde la violencia, sino desde la participación activa, organizada y ética.
Porque tarde o temprano la vida se nos va.
La pregunta no es si enfrentaremos adversidades.
La pregunta es: ¿desde dónde lo haremos?
Desde la indiferencia… ¿o desde el compromiso?