25/03/2026
Lo que pasa dentro de un anexo
Desde afuera nadie lo entiende.
Dicen “ahí los corrigen”,
“ahí se les quita”,
“ahí aprenden”.
Pero dentro de un anexo
no solo se lucha contra la droga…
se lucha contra uno mismo.
Ahí el tiempo pesa distinto.
Los días no pasan,
se arrastran.
Las noches son largas
y la cabeza no se calla.
Dentro de un anexo
te enfrentas a tus errores sin anestesia,
a la culpa,
a los recuerdos,
a las personas que heriste
y a las que te soltaron la mano.
Hay gritos,
hay llanto escondido en las almohadas,
hay hombres y mujeres duros por fuera
pero rotos por dentro.
Muchos entran creyendo que saldrán rápido,
y descubren que el verdadero encierro
no son las paredes,
sino la adicción.
Ahí aprendes lo que es tocar fondo,
extrañar a tu madre,
valorar un plato de comida,
desear un abrazo
como si fuera un milagro.
Algunos cambian,
otros solo sobreviven.
Porque no todos entran listos para sanar,
pero todos entran heridos.
Y mientras tanto, afuera,
hay familias contando los días,
rezando en silencio,
esperando que esta vez
sí regrese diferente.
Solo quien ha estado dentro de un anexo
o ha dejado ahí a alguien que ama
sabe que no es castigo…
es una batalla.
“Dentro de un anexo no se encierra a un vicioso… se intenta salvar a alguien que ya tocó fondo.”
Centro de Rehabilitación mixto Yahvéh Villagrán