10/02/2026
No siento para nada que esté más iluminada, ni más elevada, ni más “espiritual”. Si soy honesta, lo que siento es otra cosa. Siento que cada vez me doy más cuenta de algo medio que llevo años estudiando en la teoría con Un Curso De Milagros y otras corrientes, pero cada vez se hace más evidente para mí: esto no es tan sólido ni tan real como nos enseñaron. Es más, es totalmente irreal, que gran parte de lo que llamamos “vida” se parece más a una simulación que a una verdad absoluta, como una especie de matrix, un escenario perfectamente diseñado donde hay personajes buenos, malos, héroes, villanos, víctimas, salvadores, donde te asignan una identidad, una familia, una historia, una nacionalidad, un género, un montón de etiquetas y tú te lo crees todo.
Te metes tanto en el papel que se te olvida que estás actuando. Y entonces lloras como si fuera definitivo, te enojas como si fuera personal, te aferras como si pudieras perderlo todo, defiendes banderas como si fueras eso. Y el sistema funciona perfecto, porque se siente real.
Muy real. Demasiado real.
Últimamente he sentido a la “vida” tan intensa…como cuando fui a Disney a la sección de Star Wars, todo estaba tan bien hecho que mi cuerpo reaccionaba como si de verdad estuviera en otra galaxia, mi corazón se aceleraba, me emocionaba, me asustaba, pero al mismo tiempo yo sabía que era un montaje. Uno muy sofisticado. Sabía que era una experiencia diseñada para engañar mis sentidos, sabía que era una simulación. Y ahora cada vez más me pasa algo parecido con la vida.
Sigo sintiendo todo, sigo amando, llorando, enojándome, trabajando, pagando cuentas, pero hay una parte de mí que ya no se compra el cuento completo. Como si hubiera un pedacito de conciencia observando todo y diciendo:
“esto es un juego de percepción”.
Nuestra mente interpreta estímulos, arma historias, crea identidades y nosotros creemos que eso somos, pero cada vez me resulta más obvio que estamos viviendo dentro de una construcción mental colectiva. Un gran teatro, un simulador de experiencias para aprender algo que todavía no termino de entender. Y no, como lo decía, eso no me hace sentir especial ni iluminada.
Me hace sentir más despierta (o al menos que ronco menos) y a ratos hasta incómoda, como un bicho raro, jajaja.
Porque cuando dejas de creerte tanto el personaje, también dejas de tomarte tan en serio el drama o al menos no lo sostienes por tanto tiempo. Y te das cuenta de algo fuerte:
nadie es realmente el villano, nadie es realmente el héroe, todos estamos reaccionando desde el papel que nos tocó y en realidad no hay todos, sino uno solo representábdose a sí mismo de 8 mil millones de maneras, como actores que olvidaron que están en una obra.
Tal vez el camino más pacífico al despertar no es “brillar más”, tal vez despertar es simplemente esto: darte cuenta de que el decorado es decorado, que la historia es historia, que el personaje no eres tú y aún así decidir jugar. Pero jugar más ligero.
NadiaUCDM