15/03/2026
Mi abuelita Margarita decía algo que cuando yo era joven me parecía gracioso.
Durante mucho tiempo no entendí la profundidad de lo que quería decir.
Decía:
“Esas mujeres listillas terminan trabajando de más…
hay que hacerse un poquito la tontita.”
Mi abuelita era una mujer muy inteligente.
Pero ante cualquier problema o cualquier cosa que había que resolver, ella simplemente decía:
“Colores…”
Así llamaba a mi abuelo.
Y entonces mi abuelo llegaba y resolvía.
Con los años entendí algo que antes no veía.
No era que mi abuelita no pudiera resolver las cosas o que fuera comodina.
Bueno… quizá un poquito. 😂😂
Pero claro que podía.
Sin embargo, ella sabía algo muy importante:
Aunque puedas hacerlo todo, muchas veces es mejor darle espacio al otro para que también resuelva.
Para que también se sienta útil.
Para que también pueda aportar.
Muchas mujeres aprendimos lo contrario.
Aprendimos a resolver.
A sostener.
A poder con todo.
En ese camino también aprendimos
A encargarnos de todo,
A exigirnos demasiado.
A hablarnos con dureza cuando algo no sale perfecto.
A no pedir ayuda.
A no recibir.
Y cuando alguien intenta ayudarnos, hasta nos sentimos incómodas…
como si recibir también fuera algo que tuviéramos que merecer.
Y muchas veces terminamos sosteniendo todo…
muy solas.
Recibir no es debilidad.
También es fortaleza.
Y además nos permite algo muy valioso:
sentir apoyo, descanso y compañía.
Nos permite dejar de vivir con esa sensación de estrés constante
de que todo depende de nosotras.
Y poco a poco empezar a vivir algo que se parece mucho más a la plenitud.
Una vida donde estamos sostenidas, acompañadas, donde podemos descansar, donde también sabemos hablarnos con más amor.
Si algo de esto resonó contigo, no estás sola.
Te leo.
Guárdalo para recordarlo
y compártelo con una listilla que quieras hacer sonreír.