25/01/2026
Hay momentos en la vida en los que estamos atravesando situaciones
que no queremos vivir… pero que igual nos toca vivir.
Y en esos momentos, la mente suele hacernos una trampa: se adelanta al futuro
e imagina todos los escenarios posibles,
especialmente los peores.
No porque eso sea intuición.
Sino porque la ansiedad cree
que pensar en lo peor nos va a proteger.
Pero no lo hace.
Solo nos roba el presente
y nos hace sufrir por cosas que todavía no han pasado y muchas veces, nunca pasarán.
Cuando la vida se pone difícil,
la pregunta más sana no es:
¿Y si todo sale mal?
Sino:
¿Qué está realmente en mis manos hoy?
Porque lo único que de verdad nos devuelve poder en medio de una tormenta, es enfocarnos en lo que sí podemos hacer ahora.
No en lo que no controlamos.
No en todos los futuros posibles.
No en los finales imaginados.
Aceptar que la vida a veces es injusta
no es rendirse.
Es madurar emocionalmente.
Es decir:
Esto no es lo que quiero.
Pero esto es lo que hay hoy.
¿Y qué puedo hacer con esto ahora?
Y cuando haces eso, algo cambia.
Dejas de vivir en modo lucha contra la realidad y entras en modo presencia.
Y desde ahí puedes:
🤍decidir mejor
🤍acompañar mejor
🤍amar mejor
🤍sostener mejor
🤍vivir mejor este momento
Pensar en el peor escenario
no te prepara emocionalmente mejor.
Solo te quita la paz de hoy.
Una frase que repito mucho
(y que a mí misma me devuelve al centro):
Un día a la vez.
Hoy solo me ocupo de hoy.
Mañana lo vemos mañana.
Eso no es negación.
Eso es salud mental.
Tal vez hoy no puedes cambiar la situación.
Pero sí puedes cambiar cómo la estás viviendo por dentro.
Y eso ya es muchísimo. 🤍