12/04/2026
Ayer participé en un congreso en Panamá: Early Life Nutrition 2026.
Un evento al que asistí junto a mi compañera, la pediatra Melisa Burgos.
Debo decir que quedé gratamente sorprendido.
Por primera vez, en un contexto académico con médicos altamente cualificados —endocrinólogos, pediatras, neonatólogos— escuché afirmar con claridad algo que sostenemos desde hace más de veinte años:
la salud del niño NO “empieza” solo después del nacimiento.
Se habló de forma concreta sobre la importancia de los estilos de vida como factor determinante para el crecimiento:
✔️ alimentación
✔️ movimiento y juego
✔️ entorno familiar
✔️ calidad de la gestación
Y precisamente sobre la gestación surgió un punto fundamental:
hoy se reconoce cada vez más el papel de los factores epigenéticos, es decir, aquellas señales que la madre transmite al niño ya durante el embarazo y que influyen directamente en la calidad de su crecimiento futuro.
Aún no se ha llegado a hablar de la preparación ANTES del embarazo (que, en mi opinión, sigue siendo una pieza clave), pero sin duda es un paso adelante importante.
Otro tema central: la obesidad infantil.
Por fin definida por lo que realmente es:
una enfermedad, no un problema estético.
Se recalcó con fuerza que:
➡️ un niño con obesidad tiene una alta probabilidad de convertirse en un adulto con obesidad
➡️ la obesidad es la puerta de entrada a numerosas patologías metabólicas
Y esto cambia completamente la forma en que las familias deberían afrontar el problema.
En el ámbito nutricional, se habló de la dieta mediterránea y de un regreso a alimentos simples y reales: carne, pescado, fruta, verdura.
Aún no se ha llegado a conceptos más avanzados como una alimentación específica para la especie, pero el cambio de dirección es evidente.
Muy interesante también el enfoque sobre un problema concreto que todo padre conoce:
lograr que los niños acepten determinados alimentos.
Aquí se subrayó un concepto clave:
los hábitos alimentarios de los hijos son el reflejo directo de los hábitos familiares.
No se trata de “convencer” al niño, sino de crear un entorno coherente.
Otro tema sorprendente (y por fin abordado):
el impacto de la tecnología en los niños.
Un tema aún poco tratado en medicina, pero cada vez más relevante.
Durante el congreso, en la práctica, se validaron muchas de las tesis que llevamos años defendiendo y que también recogimos en nuestro libro “Crescere bene ai nostri giorni”.
Interesante también la intervención de un pediatra gastroenterólogo sobre el uso de probióticos en fases agudas.
Sin embargo, durante el debate volvió a surgir un límite típico de la medicina moderna:
se interviene en la fase aguda, pero rara vez se investigan las causas.
Se comentó que en Panamá y en Centroamérica existen tres momentos del año (por ejemplo, la temporada de lluvias) en los que aumentan los problemas gastrointestinales en los niños.
Pero a mi pregunta —¿por qué ocurre?— no llegó una respuesta clara.
Y ahí está el punto.
Si no comprendemos las causas:
no podemos hacer verdadera prevención.
A pesar de ello, la señal es positiva.
Se empieza a hablar de lo que realmente importa:
✔️ prevención
✔️ entorno
✔️ estilo de vida
Todos elementos que representan la verdadera base de la salud, desde los primeros años de vida.
Y quizás, por fin, algo está cambiando también en la medicina “oficial”.