17/11/2022
🤍 La felicidad, la paz y el amor son principios de la esencia divina; no tienen polaridad, sino que son inmutables.
Para aprender a ser feliz sólo hay que afrontar todo lo que se cree que le arrebata a uno la felicidad. Para ser feliz no se necesita nada externo, sólo comprensión y una actitud mental determinada. La no aceptación es la única causa del sufrimiento; hay que dejar de enfrentarse a la realidad. Es fundamental dejar de trabajar sobre los demás, y hacerlo única y
exclusivamente sobre uno mismo, modificar dentro de sí lo que molesta (el ego) para que deje de hacerlo.
Si hay sufrimiento, se debe hacer una sola pregunta: ¿qué es lo que no estoy aceptando?; ahí residirá la respuesta. Todas las personas, sin excepción, tienen lo necesario para ser felices; no obstante, muy pocas saben ser felices con lo que tienen. Además, ninguna cosa o persona proporciona paz. La paz interior es el resultado del propio desarrollo espiritual, hay que crecer de adentro hacia afuera. El manejo de la paz requiere varios elementos: una información clara y precisa para comprender que la vida es un proceso de amor y que el mal no existe, la habilidad para manejar la propia energía vital, y entrenamiento mental.
Si se pierde la paz hay que preguntarse: «¿A qué me estoy resistiendo?; ¿qué quiero cambiar?; ¿a quién estoy culpando?». Ademas es esencial aprender a amar al prójimo como a uno mismo, para ello sólo hay que participar o compartir el tiempo con personas que tengan comportamientos muy diferentes a los propios, para desarrollar un alto nivel de comprensión, aprender a amarlos y a respetarlos tal cual son. Recordemos que el amor es inofendible, invulnerable, inmutable, universal y neutro. El amor te da una comprensión total del Universo; pues es una forma de ser y no necesita “objeto” sobre el que proyectarse. El amor es conciencia pura, no es un sentimiento.
Amar es dar siempre lo mejor de uno mismo. Si existe desmotivación lo mejor es pensar por qué estoy permitiendo que la situación concreta limite mi capacidad de servicio, que en realidad no debe depender de los eventos externos.