22/01/2026
La herida de injusticia se vive como la sensación profunda de que “tengo que ser perfecto para ser válido”.
Emocionalmente genera rigidez, autoexigencia extrema y dificultad para sentir placer o pedir ayuda.
La persona aprende a controlarse, a no mostrar vulnerabilidad y a endurecer el corazón para no volver a sentirse juzgada o desvalorizada.