07/12/2021
"El poder nunca es con o contra el otrx, siempre es con una misma"
Estaba pasando por uno de los episodios depresivos moderados más bravos durante la pandemia. Le pregunto a una de mis amigas terapeutas si tenía el dato de una psiquiatra xq por la sintomatología ya podía creer lo que estaba pasando, pero tenía un pedido claro: necesitaba una psiquiatra, mejor si también terapeuta, que me desahueve.
Mi amiga Rebe me la pasó, el dato de la Mati, decía que era la BabaYaga de Mujeres que corren con los Lobos. Desde antes de tener sesión con ella, era sentir un impulso desde el vientre de estar atenta y despierta. Ya sabía que no sería sencillo y que se venía el real desahueve.
Así fué.
Lloré como no lo había hecho en tanto tiempo después. Me quedé días metida en mi casa, ya no estaba haciendo eso, y pedía a personas que me traigan comida o delivery.
Las sesiones avanzaban. A veces terminaba, salía a caminar y me costaba caminar "bien" porque mis piernas no coordinaban con mis brazos y poner música mientras caminaba era como mantener un "estado de re-programación" mientras había sonido de fondo. Se agudizaron las pesadillas, pero eran claras. Las imágenes inconscientes se representaban a través símbolos que podía entender.
Cuando se lo contaba a Mati lo entendía. "Ya lo sentiste en el cuerpo, ya estás entendiendo". Validaba lo que decía y a la vez costaba llorar frente a ella. Comenzaba a verla como una mujer que no estaba dispuesta a permitir que partes mías recurrentes y de autocabe salgan a flote cuando ya tocaba despedirlas. Ella podía llegar a ver cosas que yo aún no, y aunque eso era un golpe al ego, sabía que tocaba escuchar. Además, para eso la había buscado.
Una de las últimas sesiones que tuve con ella fue importante para reconocer que el llamado "poder" es una palabra y práctica que se le tiende a temer o rechazar, tal vez por malas experiencias que se ha tenido con ella en el pasado y en relación, pero que dependiendo de cómo se le vea y use puede re-dirigirse de una manera sana y afirmativa, que es el poder que una no debe perder con una misma. Lo que tú sabes, lo que tú sientes, lo que tú vives. La a veces dura honestidad de la que te corresponde partir y hacer caso para no caer en conflictivos juegos de poder que luego desgasta y exige energía reparar.
Después de esa sesión, en la que varias veces me cortó la palabra en la boca y no le dió lugar a dudas que podían ser muchas, lo cual hoy agradezco, me di cuenta de lo importante de contar con alguien que está dispuesta a poner la teoría en la práctica y transmitir a través de su cuerpo lo que es no renunciar a una misma y a su poder. En su trato, en sus palabras, en su lucidez, validación, capacidad de escucha, análisis, observación, también vulnerabilidad, también fragilidad, y también desahueve. Es algo que viendo en retrospectiva, creo que facilita la recuperación de ese poder en la otra persona.
No es sencillo reconocerse dentro de espacios que intentan imponerte formas de actuar, de ser, hasta de sentir. Incluso dentro del rol como psicóloga, lo que muchas veces se asume que es lo mejor, en realidad se puede alejar del trato humano, honesto, vulnerable y necesario que es que dos personas se encuentren a ver heridas que se han tapado para evitar que duelan más. Tal vez al principio no lo sabía, pero al apostar por ella y su poder, también estaba apostando por el mío. Aunque fue inconsciente, porque el que marcó la pauta fue el cuerpo mandando señales a través de una depresión que adormecía.
Recuperar el poder es posible, espero que se sigan abriendo más posibilidades de entenderla, de acogerla y menos temerla.