12/09/2017
EL MITO VEGETARIANO
El “mito” viene de la amplia noción de que el vegetarianismo es lo mejor para tu salud y la del planeta. Es todo lo contrario, sugiero que antes de tomar una decisión tan importante para tu salud y la del planeta, leas “The Vegetarian Myth” de Lierre Keith.
Lierre Keith es una ex vegana/vegetariana que claudicó después de 20 años de mala salud y creencias morales que la paralizaban. Para Keith comer tofu y frejoles representaba la vida mientras que comer carne representaba la muerte. Sencilla decisión, había que evitar todos los productos animales para no tener sangre en tus manos o en tu plato. O eso pensó.
Comenzó siendo vegetariana cuando era niña, no porque pensara que la carne no era saludable, sino porque no soportaba la idea de que esos chicken fingers alguna vez caminaron, cacarearon y picotearon. Hizo un compromiso con todos los seres vivos; no solo con los más bonitos o peludos o los que de una u otra forma se asemejaban a nosotros.
Ese alcance expansivo de consciencia le permitía ver el panorama completo. ¡Las semillas eran seres vivos también! No tenían rostros pero si eran seres vivos, significaba que podían morir. Matar babosas en su jardín era impensable y suplementar el suelo con harina de huesos, imposible.
Sabía que evitar el uso de productos animales no hacía que sus manos estuvieran limpias. Los campos eran cultivados y miles de organismos eran destruidos, sin mencionar los ratones, conejos y otros animales cuyo medio ambiente era nivelado y demolido para sembrar industrialmente. En cualquier dirección que mirara, contribuía directa o indirectamente a la muerte.
Se dio cuenta que la petición u oración vegetariana “Déjame vivir sin hacer daño a otros. Deja que mi vida sea posible sin matar” era imposible de cumplir. No podía vivir y comer sin que algo muriera, y ese es precisamente el punto. La muerte es necesaria y natural. Sin la muerte, la vida se pondría mucho peor.
Keith señala como la agricultura fue un gran avance para la humanidad alterando nuestra trayectoria para siempre, pero también demuestra cómo va destruyendo la tierra que toca. Las primeras tierras de cultivo eran verdes, lozanas, llenas de vida, fértiles. Los animales pastaban en pastos perennes, sus desperdicios (eses y o***a) fertilizaban los suelos con nutrientes. Era un ciclo natural de vida que funcionó muy bien miles de años pero cuando los granos o cereales empezaron a ser cultivados todo cambió.
Las pasturas perennes se convirtieron en siembras anuales de granos, los animales ya no pastan ni nutren el suelo, la capa superior del suelo una vez rica en nutrientes desapareció. Se creó un sistema donde el hombre en vez de coexistir con la naturaleza inicia una pugna por prevalecer que continúa hasta el día de hoy. La agricultura ha permitido que el hombre se expanda más allá de la capacidad de la tierra.
Y ese es el punto de su argumento, la agricultura industrial hoy es destrucción sin sentido. Y la agricultura vegetariana basada en cereales y granos es aún peor porque intenta eliminar a un jugador crucial en el círculo de la vida en el planeta, los animales. Animales que proveen nutrientes para la fertilidad del suelo. Cada vez que una cultura se vuelve hacia un sistema agrícola basado en granos pasa lo mismo. No solo destruyen las praderas fértiles sino también millones de animales, insectos, pájaros que dependen de ese ecosistema para sobrevivir.
La narrativa de Keith es profunda y personal, plantea alternativas a la agricultura industrial, revela los riesgos de una dieta vegetariana y explica por qué los animales deberían pertenecer a granjas ecológicamente seguras.
Traducido e intervenido de: http://www.marksdailyapple.com/vegetarian-myth-review/