19/04/2025
RESPECTO AL AMOR Y EL TEMOR
El amor se manifiesta en la compasión, la comprensión, la armonía, la certeza, la fe, la confianza, la paz, la libertad... El temor comprende al miedo, la ira, la tristeza, el asco, la vergüenza, la culpa, el miedo, la soberbia... Tanto el amor como el temor tienen funciones específicas.
En esta oportunidad trataremos el miedo. Este es percibido a través de nuestros sentidos: visual, auditivo o kinestésico cuando observamos una persona o situación que interpretamos como una amenaza a nuestra vida o integridad física. Se instauró cuando en la época de las cavernas los seres humanos debían protegerse de los depredadores.
Ante una situación de peligro optamos por atacar, huir o paralizarnos. La reacción depende de nuestra forma de percibir el mundo, es decir, de la forma en que nos formaron en la familia, la sociedad, el colegio, el barrio, el país. Estas tres formas de “reaccionar” ante el peligro me permite sobrevivir. Nuestro mayor miedo es a la muerte.
Dependiendo de la forma de reaccionar, por ejemplo, si fuera la huida, el cerebro ordena al cuerpo diferentes acciones: el corazón bombea mayor cantidad de sangre la cual es dirigida hacia las piernas y los músculos para poder correr con mayor velocidad; la vista, el oído se agudizan, asimismo dirige una mayor irrigación de sangre hacia los pulmones y otros órganos que tienen relación directa con la huida; se generan bioquímicos como la adrenalina, glucosa y otros; además inhibe algunos procesos naturales para poder reaccionar ante el peligro con rapidez. La sangre se toma “prestada” del aparato digestivo, el aparato reproductivo, parte del cerebro y de otros órganos que no utilizamos en esta situación. Esta restricción de sangre es mantenida por el organismo mientras dura la situación de peligro. Una vez que logramos estar a buen recaudo, la sangre retorna a circular por todo el cuerpo con normalidad, restableciéndose sus funciones normales.
Hasta aquí todo es normal, natural. Sin embargo, un gran porcentaje de los seres humanos recrean una y otra vez la situación de peligro y vuelven a sentir (resienten) la emoción de miedo, sólo que esta vez el peligro no es real; es imaginario, sólo está en nuestra mente, en nuestro pensamiento. El cuerpo -el gran afectado- no entiende que la situación no es real y continúa segregando los bioquímicos y restringiendo las funciones normales del organismo. El cuerpo no está preparado para soportar largos períodos de tiempo en estado de estrés y finalmente termina agotándose y bajan las defensas lo cual deja al cuerpo a merced de las enfermedades causadas por los virus y bacterias que siempre están atentos. Finalmente, se genera la enfermedad.
La intención de este artículo es que observes que la mente, a través de las percepciones personales crea “la realidad” que vivimos día a día de acuerdo a las experiencias de nuestro pasado. Si aquello que RE-SENTIMOS nos trae emociones como el miedo, la ira, la culpa, la vergüenza, la tristeza, el asco y otros relacionados, nuestras defensas inmunológicas se debilitarán y enfermaremos al cuerpo. La mayor parte de nuestras reacciones han sido aprendidas en nuestra tierna infancia entre los cero y siete años, observando a nuestros padres y nuestro entorno. La gran mayoría de nuestros miedos y traumas fueron adquiridos en esta etapa. Si tuvimos una infancia signada por la agresión entonces tendremos miedo de ser agredidos o en el otro extremo tomaremos la actitud del agresor. En ambos casos la depresión (miedo del pasado) y la ansiedad (miedo al futuro) son síntomas comunes; entonces, si conozco y recreo mi pasado, entonces, lo vivo en el presente, por ende, es fácil deducir que mi futuro es predecible.
“Si no haces consciente lo inconsciente, entonces,
éste dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino”
reza una frase de un conocido Psiquiatra, el Dr. Carl Gustav Jung. Y es cierto porque estamos escribiendo día a día nuestra propia historia en base a lo que está en nuestro inconsciente. El pasado y el futuro no existen. Lo único real es el momento presente, el AQUÍ y el AHORA.
Observa tus pensamientos recurrentes. Estos son los que te arrastran hacia un destino conocido, creado y alimentado por tu mente. Somos energía, una especie de imanes que atraemos con el pensamiento y la emoción lo que tenemos alrededor.
Respecto al pasado, sólo puedes hacer un cambio de percepción (puesto que no existe). Una forma efectiva es dejar de “RE-SENTIR” lo vivido en el pasado. Perdona y perdónate lo vivido. El único que sufre abrigando resentimientos es uno mismo. De esa forma dejarás de producir tantos bioquímicos innecesariamente, tu mente estará en paz y podrás dejar que aflore la risa, la alegría; el cuerpo se mantendrá sano y podrá cumplir los fines para los que fue creado.
En lo que se refiere al futuro tampoco existe. Si dejamos de RE-SENTIR el pasado, nuestro enfoque cambiará y dará paso a la imaginación, a la creatividad, al amor, a la pasión. Haremos cosas diferentes y escribiremos una nueva historia. Nosotros tenemos la pluma y la dirige nuestra mente y para aquellos que creemos en Dios, Él está en nosotros y esa es su voluntad: Que seamos felices, sin temores ni culpas.