11/03/2026
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Acompañar no es resolver.
Es permanecer.
Vivimos en una cultura que quiere arreglarlo todo rápido.
Cuando alguien sufre, muchas veces aparecen las soluciones, los consejos, las explicaciones…
pero pocas veces aparece algo más profundo: la presencia.
Acompañar no significa tener todas las respuestas.
Significa tener el corazón disponible.
Significa sentarse junto a alguien cuando el dolor es grande.
Escuchar sin prisa.
Mirar sin miedo.
Permanecer cuando la vida se vuelve incierta.
Eso fue lo que nos enseñó Elisabeth Kübler-Ross.
Ella no intentó corregir el sufrimiento de quienes estaban muriendo.
Se sentó a su lado.
Los escuchó.
Y dignificó sus historias.
Hoy sabemos que muchas veces el acto más sanador no es una palabra…
sino una presencia.
Una mano que sostiene.
Una mirada que comprende.
Un silencio que acompaña.
Acompañar es un acto profundamente humano.
Y también profundamente sagrado.