11/03/2026
Hace poco una mujer muy conocida de los medios de comunicación en Puerto Rico perdió a su perro. Y al leer los comentarios en las redes sociales me llamó la atención: Muchas personas minimizaban su dolor.
“Es solo un perro.”, “No es para tanto.”
Para quienes hemos amado a una mascota sabemos que no es “solo un perro"
Las mascotas ocupan un lugar emocional muy particular en nuestra vida. Tienen un lenguaje único que sin palabras sanan. Un espacio que no reemplaza a nadie, pero que tampoco puede ser reemplazado. Es una relación sin expectativas. Sin juicio. Sin condiciones. Ellos llegan a nuestra casa sin conocer nuestra historia… y aun así terminan reparando partes de nosotros que nadie más ve.
A veces llegan cuando estamos cansados. Cuando estamos rotos. Cuando atravesamos silencios que no sabemos explicar y sin saberlo, con su presencia, su compañía y su lealtad… empiezan a reparar algo en nosotros que ellos nunca rompieron.
Por eso cuando alguien pierde a su mascota, el dolor es real. Es duelo.
Porque despedirse de una mascota es despedirse de un amor simple, fiel y constante que estuvo ahí en los días buenos… y también en los días en que nadie más lo notó.
Quien ha tenido una mascota sabe que en su vida no fue “solo un animal”.
Fue familia. Fue compañía. Fue refugio. Fue amigo y muchas veces…
fue medicina.
Dra. Fermina L. Román
Psicóloga