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26/04/2026
26/04/2026

Por qué esta generación no quiere tener hijos: parentificación, linaje y el miedo a repetir

Humberto Del Pozo López

Se dice que esta generación no quiere tener hijos como si fuera una postura cultural, un capricho o una falta de deseo. El análisis se queda en la superficie: individualismo, libertad, carrera profesional. Y mientras tanto, la razón más profunda y más silenciosa permanece sin ser nombrada.

Muchas personas que hoy dudan de la maternidad o la paternidad crecieron siendo madres y padres antes de tiempo. No en sentido metafórico: en sentido literal. Cuidaron hermanos más pequeños cuando todavía eran niños ellos mismos. Sostuvieron el estado emocional de una madre que no tenía quién la sostuviera. Aprendieron a leer el humor del adulto antes de saber leer palabras, porque de esa lectura dependía la seguridad del hogar. Fueron parentificados.

La parentificación es el proceso por el que un niño asume funciones emocionales o instrumentales que corresponden al adulto cuidador. Franz Ruppert lo describe como una de las formas más invisibles de trauma temprano: invisible porque el niño no experimenta lo que le ocurre como daño, sino como la única forma disponible de ser amado y de pertenecer al sistema. Cuidar era ser visto. Cuidar era existir.

LO QUE EL CUERPO APRENDIÓ

El sistema nervioso de ese niño aprendió una ecuación que quedó instalada como arquitectura: amor igual a carga, vínculo igual a renuncia de sí mismo, cuidar al otro igual a desaparecer. No como creencia declarada. Como respuesta automática, prelingüística, que se activa antes de cualquier reflexión consciente.

Cuando ese niño llega a adulto y contempla la posibilidad de tener hijos, lo que se activa no es el pensamiento sobre la paternidad o la maternidad abstracta. Lo que se activa es esa ecuación instalada en el sistema nervioso: si tengo hijos, desaparezco. Si amo de esa manera, me pierdo. El miedo no es a los hijos. Es al costo que el sistema nervioso aprendió que el amor tiene.

Bert Hellinger observó en las constelaciones familiares algo que la teoría del apego confirma desde otra perspectiva: las lealtades invisibles que los sistemas familiares generan hacia sus patrones relacionales son más poderosas que cualquier decisión consciente. Un hijo que vio a su madre agotarse al borde del límite tiene instalada esa imagen en el sistema nervioso como la definición operativa de lo que significa ser madre. Y el sistema nervioso no quiere repetir ese patrón, aunque la mente consciente diga que sería diferente.

EL LINAJE QUE NO SE HA LLORADO

Lo que está detrás de muchas decisiones de no tener hijos no es el rechazo a la vida familiar. Es el duelo no realizado de la propia infancia. El niño que cuidó cuando debía ser cuidado no pudo llorar esa pérdida mientras ocurría porque llorarla habría sido abandonar al adulto que dependía de él. Y ese duelo pendiente permanece en el cuerpo como una tensión crónica, como una dificultad para imaginar la maternidad desde un lugar diferente al que conoció.

Gordon Neufeld, psicólogo del desarrollo, describe ese proceso como el bloqueo de maduración: el desarrollo genuino requiere poder depender antes de poder cuidar. Un niño que tuvo que cuidar antes de poder depender queda atrapado en un patrón donde el cuidado y la pérdida de sí mismo están irremediablemente entrelazados. Y ese patrón no se deshace con la decisión de ser diferente. Se deshace con el duelo, con el contacto con la parte del self que nunca pudo ser simplemente niña.

Humberto Maturana describía el amor no como sentimiento sino como la emoción que abre espacio para que el otro exista como legítimo otro. Maternar desde ese lugar, desde un lugar donde el propio self no desaparece en el proceso, es radicalmente distinto de la maternidad que muchas personas vieron en sus hogares. No es lo que el sistema nervioso aprendió que significa tener hijos. Es algo que requiere sanar primero lo que se aprendió.

LO QUE ESTA GENERACIÓN VIENE A HACER

Nombrar esto con precisión importa porque el diagnóstico determina el trabajo. Si el problema es cultural, la solución es cultural: narrativas diferentes, políticas de conciliación, redistribución del cuidado. Todo eso importa y es necesario. Pero si el problema es también transgeneracional y somático, la solución también tiene que llegar a ese nivel.

Esta generación no está rechazando la maternidad. Está rechazando, con todo el derecho del mundo, la versión de la maternidad que conoció: la que agotaba, la que borraba, la que convertía el amor en deuda perpetua. Y en ese rechazo hay algo que merece ser reconocido antes de ser corregido.

El paso que viene después del rechazo es el que menos se nombra: el duelo de la infancia que no se pudo tener. El encuentro compasivo con la niña que cuidó cuando debía ser cuidada. La mirada a la madre no con juicio sino con comprensión sistémica: ella también portaba lo que su propia madre le transmitió, y su madre antes que ella, en una cadena de amor mal ordenado que nadie eligió conscientemente.

Hellinger lo llama el reordenamiento del alma familiar: el momento en que alguien puede decirle al sistema, con genuinidad y sin sentimentalismo, vi lo que ocurrió, lo honro, pero no lo voy a repetir. Ese movimiento no requiere el rechazo de la maternidad. Requiere el rechazo del dolor, del agotamiento y del borrarse a sí misma como condición del amor. Y cuando ese movimiento ocurre desde el cuerpo regulado y no solo desde la declaración cognitiva, abre una posibilidad que antes no existía: maternar, si se elige, desde un lugar diferente. Desde el orden. Desde el respeto a la propia historia. Desde la presencia genuina de alguien que ya no necesita desaparecer para amar.

La pregunta no es si tener o no tener hijos. La pregunta es desde qué lugar del propio sistema nervioso se toma esa decisión. Desde el miedo a repetir el patrón, que también es una forma de estar atada a él. O desde la libertad de quien ha mirado el linaje de frente, ha llorado lo que tenía que ser llorado, y puede elegir, con toda la información del cuerpo disponible.

Fuentes: Franz Ruppert, Trauma y estructura del yo. Bert Hellinger, El manantial del amor. Humberto Maturana, Biología del amor. Gordon Neufeld y Gabor Maté, Hold On to Your Kids (2004).

— Humberto Del Pozo López
Psicoanalista Relacional · Constelador Sistémico
Método de Resonancia Límbica TriFOCAL 📱 9 2113 8713 ·

💙 — Centro Bert Hellinger - Trauma - Resonancia TriFocal - Constelaciones — 💙

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24/04/2026

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El manipulador no explota con todos. Elige.

No es un impulso que no puede controlar. Es una estrategia que sí puede controlar, y lo demuestra cada vez que se contiene delante del jefe, del pastor, del extraño, pero descarga todo sobre ti.
Eso tiene un nombre: no es enfermedad, es cobardía selectiva.

La Biblia no romantiza esto. En 2 Samuel 13, Amnón no arrebató a Tamar en un momento de locura. Simuló estar enfermo. Manipuló a su padre David. Orquestó cada detalle. Y eligió a alguien que calculó que no podría defenderse.
El texto no lo describe como un hombre que perdió el control. Lo rodea de un cómplice llamado Jonadab, a quien la Escritura llama expresamente "hombre muy astuto" (v.3). La astucia no es un impulso. Es un método.

No todo el que daña calcula. Hay quienes lastiman desde disfunción genuina, no desde estrategia. Pero cuando alguien puede contenerse con el jefe y no contigo, ya tienes la respuesta que necesitas:
No es que no pueda. Es que contigo decide no hacerlo.
Y reconocer eso no es amargura. Es el primer paso para dejar de cargar una responsabilidad que nunca fue tuya.

24/04/2026

TU RAZÓN NO ME PERTENECE

Es solo la suma de tus heridas, tus experiencias… y tus batallas no resueltas.

Hay algo que tienes que entender si quieres caminar en el Sagrado Masculino sin perderte: no todo lo que el otro dice es verdad… muchas veces es historia.

Historia cargada de dolor.
Historia cargada de miedo.
Historia cargada de interpretaciones.

Cuando alguien te habla desde la rabia, no te está mostrando la realidad… te está mostrando su herida activa.
Cuando alguien te acusa, no siempre te está describiendo… está proyectando lo que no ha sanado.
Cuando alguien reacciona, no necesariamente es contigo… es con todo lo que vivió antes de ti.

Y aquí es donde el hombre común se pierde… porque se lo toma personal.

Se defiende.
Contraataca.
Se engancha.
O se somete.

Pero el hombre en conciencia… separa.

Separa lo que es suyo… de lo que no le pertenece.

Porque entiende algo clave:
la razón del otro no es absoluta… es emocional.

Y eso cambia todo.

No necesitas ganar discusiones.
No necesitas demostrar que tienes la razón.
No necesitas corregir a nadie.

Necesitas sostenerte.

Porque cuando tú estás en tu centro, puedes escuchar sin absorber, puedes mirar sin reaccionar, puedes amar sin distorsionarte.

Eso es liderazgo emocional.

Desde la raíz, esto viene de un patrón profundo: el niño que necesitaba ser comprendido, validado, aceptado. Ese niño que cuando alguien estaba enojado… sentía que tenía que arreglarlo o defenderse.

Ese niño sigue dentro… pero ahora eres hombre.

Y ya no te toca sobrevivir… te toca liderar tu mundo interno.

Tu pareja puede tener su razón… pero no es tu verdad.
Tu pareja puede sentir dolor… pero no es tu carga.
Tu pareja puede estar confundida… pero no es tu responsabilidad resolver su mente.

Tu única responsabilidad… eres tú.

Y esto no es frialdad.
Esto es amor sin invasión.

Porque cuando te haces cargo de ti… dejas de reaccionar al caos… y empiezas a ser orden.

Preguntas para que te observes sin filtro:

¿Cuántas veces te has desgastado intentando que el otro entienda tu punto?
¿Cuántas veces has cargado emociones que ni siquiera eran tuyas?
¿Desde qué herida necesitas tener la razón?
¿Puedes escuchar sin necesidad de defenderte?

El hombre que necesita tener la razón… todavía no tiene dominio.
El hombre que se domina… no necesita convencer a nadie.

No estás aquí para pelear verdades…
estás aquí para sostener la tuya sin perderte.

Si este mensaje te movió, no lo dejes en palabras. Este trabajo se entrena.

Estoy acompañando procesos reales donde se trabaja esto de raíz: niño interior, patrones, ego y liderazgo emocional en pareja.

Si sientes que es tu momento, escríbeme.
Hay espacios donde esto se trabaja de verdad, sin máscaras.

24/04/2026
22/04/2026

O ENFRENTAS A TUS DEMONIOS… O ELLOS CRIARÁN A TUS HIJOS. 😶‍🌫️👁️

Hay heridas que no terminan contigo,
son raíces ocultas que buscan el trigo.
Si no las miras, si no las sanas, si no las enfrentas…
se convierten en herencia.
En un verso invisible que tus hijos recitan sin saber su procedencia.

El miedo que callaste,
la ira que nunca controlaste,
el abandono que jamás superaste,
el dolor que escondiste —arquitecto de un pecho de hielo—
detrás de una sonrisa o de un carácter duro…
Nada de eso se evapora, nada se vuelve futuro si lo dejas oscuro.

Se filtra.
En tus palabras que cortan como vidrio molido.
En tus silencios que pesan más que un gemido.
En tu forma de amar con las manos atadas.
En la manera en que corriges, castigas, huyes o lastimas
con el alma deshabitada.💔

Muchos creen que criar a un hijo es solo dar comida, techo y estudios.
Pero también los crías con tus traumas,
con tus vacíos,
con tus demonios no resueltos.
Y ellos beben la hiel de un cáliz ajeno,
creyendo que el sabor del veneno es lo bueno.

Y lo más duro de todo…
es que ellos pagan por guerras que nunca les pertenecieron.
Ellos cargan la espada de batallas que tú perdiste,
y mueren un poco en la trinchera que tú nunca viste.

Un padre herido puede criar hijos temerosos,
jaurías de sombras buscando un reposo.
Una madre rota puede sembrar culpas sin querer,
flores mustias que nunca aprenderán a florecer.
Un hogar lleno de demonios callados
puede fabricar adultos que sonríen por fuera…
pero se desmoronan por dentro como castillos de arena frente a la marea.

Por eso sanar no es un lujo.
No es una moda.
No es debilidad.
Es desenterrar la daga de tu propia tempestad.
Es responsabilidad. ⚠️

Porque si no rompes el ciclo, el ciclo te rompe a ti…
y luego pasa a la siguiente generación
como una maldición disfrazada de costumbre,
como una canción triste que arrulla su propia lumbre.

Enfrenta tus sombras.
Llora si hace falta, hasta vaciar el pozo negro del ayer.
Busca ayuda si es necesario, para volver a nacer.
Pero no le entregues a tus hijos
los monstruos que te tocaba derrotar a ti.

Que ellos hereden tu luz, no tu guerra.
Que hereden tus alas, no tu encierro bajo tierra. 🖤🔥

Humberto Del Pozo López
Psicoanalista Relacional · Constelador Sistémico
Método de Resonancia Límbica TriFOCAL
Centro Bert Hellinger ·
Whats app: 9 2113 8713

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