04/09/2026
A veces, en nuestro afán de consolar, terminamos silenciando el proceso sagrado de quien sufre. Decir “no va a pasar nada” o “Dios te va a curar” puede ser, sin quererlo, una forma de cerrar los ojos ante el misterio que esa persona está viviendo.
He aprendido que la bondad de Dios no siempre se manifiesta en la ausencia de enfermedad, sino en la presencia de Su Gracia en medio de ella 🙏🏼.
Cuando nos enfrentamos a un diagnóstico difícil -propio o ajeno-, tendemos a luchar contra la materia. Pero hay procesos donde el cuerpo enferma para que el alma despierte, sane y se reconozca eterna. Negar la realidad del cuerpo es, a veces, negar la oportunidad de un encuentro profundo con lo más íntimo de nuestro ser.
¿Cómo acompañar entonces? 🕯️
Menos promesas de curación física, más oraciones por el consuelo del espíritu.
Menos “estarás bien”, más “estoy aquí contigo en esto”.
Menos preguntas sobre el síntoma, más espacio para la luz que está naciendo en su interior.
Acompañar es confiar en que Dios tiene un sentido profundo para cada tiempo, incluso para aquel que no podemos controlar.
Si hoy acompañas a alguien en un proceso difícil, te abrazo 🫂.
¿Te ha pasado que te sientes sin palabras ante el dolor ajeno? Te leo para que compartamos este camino de silencio y presencia.
La Paz 🕊️,
Rocio 🩷